La Pregunta Retórica

1.Babasónicos editó el adelanto de su nuevo disco. En realidad, subió un video a YT y un mp3 a Spotify. Eso es “editar” hoy: hacer público un archivo.

2.En una entrevista que le hace Plotkin a Dárgelos (y Dárgelos a Plotkin), el emisor del grupo dice: “Yo creo que el estilo que toques ya no habla de vos. Ahora, si a eso le sumás el arte, la comunicación, qué canales usás para hacerte entender… eso va encerrando todo.” En un intento de conceptualizar el arte presente, Dárgelos descubre que el estilo que se toca ya no habla del artista. La música que se graba, la letra que se dice, no habla del artista. El estilo está en los alrededores, en las capas de trucos publicitarios. Curiosamente (o no), el logro de todo eso, según sus palabras es “encerrar todo”. Una precarización del You’ve got the style it takes.

3.Aquí, un peligro: enredarse en un recorrido por ese estilo que Dárgelos dice que tenía y que hablaba de él, lo que nos llevaría a pensar si él era Sai Baba sónico, los seis bananeados que se querían divertir o la versión irónica pero seria pero irónica de Sandro usada en de cortina en un programa de chimentos. O la alianza con Marcelo Cohen, jugando a ser demasiados pop para la alta cultura y demasiados narizparadas para el mundo del rock.

4.Mejor salir de ese camino. Volviendo a lo que dice este Dargelos del 2018 que, confundido por ese ser que ya no es el estilo que toca (que, por otro lado, en una cata ciegas, la sensación es que siempre tocan lo mismo), lo busca en el concepto. Pero ahí donde los primeros Babasónicos buscaban el ser en el cuerpo zombie del pasado (Tura Satana, Sharon Tate, la Riviera francesa), en la belleza decadente de un siglo que moría, los Babasonicos post Jessico buscaron el ser en el mercado del ocio contemporáneo: ya no muertos vivos sino muertos de consumo, muertos a secas. Suponen el estilo en la parafernalia de un mundo que la UADE robó a alguna primavera (arte, comunicación, canales).

5.No es una novedad: Malcolm McLaren y todo eso. El volante que pegaron alrededor de Obras que decía “TRANS-Algo” y un teléfono donde si llamabas te sonaba la canción nueva es un truco simpático. Pero si pensamos que habitamos el país del Di Tella, es un poco corto como para la elevación artística que el grupo pretende. Se festeja la ocurrencia del volante como si fuera el happening del helicóptero de Masotta. Vamos.

6.El reportaje citado tiene la virtud de intentar una charla. Tiene momentos de humor intencional y no intencional. Se citan mutuamente artista y periodista. Se tiran rosas y algunas espinas pero no hay sangre. Algunas contradicciones son pueriles. Dárgelos se queja del algoritmo de spotify pero rápidamente aclara que no tiene spotify (“el otro día haciendo zapping vi que Tinelli…”). Es el problema cuando se juega a ser popular, siempre hay uno más popular que vos. Al rato habla de la industria como algo ajeno, como si fueran un grupo autogestivo, no unos contratados de Sony. Hábil, el entrevistador lo enfrenta a su espejo.

7.Restada la parafernalia, La Pregunta es un típico tema Babasónico. Una canción artificial, de dentista, que apela a que el bombo pavloviano haga mover la patita y uno se tiente de imitar la voz de Dargelos al borde de la parodia, del lado de afuera.

8.“La pregunta es” un montón de preguntas con pequeñas variaciones alrededor de matar, morir, luchar, defender.

9.El problema es que si la parafernalia no convence, el fantasma se rompe y aparece un personaje de Aira o de Spinal Tap. Se apuesta a ser alusivo pero se dice mucho. Alguna vieja se incomodará por el veneno que explota dentro de la suavidad discursiva del pop Caja Negra (“A veces conspiran en mi propia cara,/con una cascada de putaradas,/no se puede sólo desatar el nudo con un estribillo pop, /que lo repetís hasta que lo puede cantar un conjunto de orangutanes.”). Otros se aburrirán de la sonoridad sin cuerpo, de la pasión calculada, de la autoadulación.

 

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107 Faunos: Neón en la selva

107 faunos Neon en la selva

 

Hace 10 años, la primera canción del primer disco de los Faunos hablaba de volver  leer a Panchito y de recordar los días dorados antes del final.

Se evocaban esos días dorados  no desde un presente opaco, beige, sino que se lo hacía antes del final.Nostalgia y Apocalipsis.

En ese primer disco, que es para mi gusto el más interesante de su generación, había hermosas canciones de melancolía gozosa. Sobre la pila de cadáveres de músicos resecos (la primera y segunda generación del rock nacional) y muertos recientes, entregados al deshilachamiento  o la vida dentro de la snowball del mercado, Laptra y los Faunos en particular, aparecieron con una certeza festiva impensada.

Mientras los Faunos recuperaron el cencerro y la desafinación para el bien, los Babasónicos, por comparar con alguien de la generación anterior, se ajustaban a su sonido internacional, su resignación a ser template.

Ese 2008 los Faunos cantaban  “No sé cómo entender la libre competencia ni el mercado laboral ¿El fracaso de los otros es un triunfo tuyo? / Pero hay algo que sé muy bien:
saltás con el A y disparás con el B.”

Los Babasónicos estaban en “Si te llevo de favor / Me prometes que esta vez / No vas a arruinar la fiesta / Oh-oh-oh-oh-oh / Oh-oh-oh-oh-oh / Apretado microdancing /No esperes nada de mi”

Al tiempo que los discos del año eran cosas insoportables, como Tv on the radio (lo que sería un disco del zolpidem si el fármaco pudiera tocar la guitarra) o cosas perfectamente decodificadas por los periodistas (Banda de Turistas), los Faunos cantaban “Me gustan los helicópteros./ Me gusta que pase más de uno por sobre mi techo, /de noche. /  Sé que el caos vendrá precedido por ellos; / en mi lecho me relamo cuando escucho cómo giran / las hélices atronadoras./ Y veo un campo de margaritas ardiendo, / y veo tu sonrisa, y el sol cae detrás, y todo se apaga.”

 

Diez años después, luego de perderse y reencontrarse  varias veces. La película / El Tigre de las Facultades. Músicos incidentales de la poesía de Casas, Los Planetas dedicándoles un tema (muy feo, hay que decirlo) y quedando agazapados mientras El mató, Bestia Bebé y Las Ligas saltaban.

Hoy los Faunos sacaron un adelanto de un nuevo disco. Neón en la selva se llama la canción. La primera vez que la escuché fue hace unos días en un recital dado en un ballroom abandonado de pinotea y espejos, arriba de un super chino en Colegiales. Ese día, antes del show, mientras unos jóvenes repetían rituales que ya me son ajenos, con el Gato hablábamos de literatura argentina contemporánea como quien habla de fútbol. “Me encanta Romina Paula, Agosto es mi libro favorito” (él) , “no lo leí, la del viejo que se muere me sorprendió, pensé que iba a ser malísima” (yo). “¿Busqued?” (él). Dejamos un silencio como respuesta. “Tenés que leer a Falco y Lamberti” (yo). El Gato me recomienda mil poetas platenses. Minutos más tarde, cantaba “Viento de la nube negra / el aire como plumas me toca/ atrapado en el momento”.

Y vuelven a ponerme la piel de gallina. Como me pasaba siempre que escuchaba Pequeña Honduras. Al terminar el show, hay un entusiasmo melancólico en el aire. No soy del saludo postshow, por vergüenza propia y ajena. pero fui al encuentro del Gato y le dí un abrazo.

 

10 muestras de la degradación como civilización que nos deja el mundial de Rusia (hasta ahora)

10 ) Los japoneses como ejemplo y los debates siberianos que se desprendieron de ellos

La imagen de un grupo de hinchas japoneses levantando papelitos después de un partido abrió el vórtice del “ejemplo”. Al rato, un grupo de ridículos uruguayos también se sacaron fotos limpiando estadios pero redoblando la apuesta: usaban guardapolvos y moñas siguiendo al Dios del Ejemplo, el Maestro Tabarez, que a su vez aprovechó los minutos de fama de un par de goles  para bajar línea con una carta para las delicias del doble standard facebookiano.

 

9) Mascherano en plan virgen que llora sangre

El por fin ex jugador de la selección, se las ingenió para que una gota de sangre le caiga por su rostro mientras llegaba tarde a todas las pelotas ¿Por qué no se lo limpiaba? ¿Por qué el árbitro no lo sacó de la cancha? Porque hay que alimentar al guerrero, al master de tirarse al piso en slow motion, al presidente de quedarse pidiendo offside mientras nos metían goles.

8) Los garcas formateados por los noventas de Tinelli y Pergolini (alimentados actualmente por la Metro)

Hubo récords de vergüenza ajena al ver las imágenes de estos imbéciles (en las categorías de Pinel). No por la imagen que damos en el exterior (para eso, es incomparable a la ineficacia de gestión y violación de derechos humanos), sino como especie. Si un satélite de Andrómeda vio estas imágenes, nos deberían mandar un rayo y terminar con esta resaca antropológica.

7) El abrazo de Messi con Arévalo

El ídolo sin títulos estuvo mucho tiempo sin hablar con la prensa, ofendido por quién sabe qué sarasa (no está mal, porque la prensa deportiva argentina es como para no hablarles nunca más). Pero entonces metió un gol (impresionante) y eligió abrazarse con Arévalo. Le faltó levantarse la camiseta y besar una foto de Angelici. En un contexto de fracaso, los pequeños gestos determinan un valor. Maradona jugando con el tobillo roto, puteando a los tanos que puteaban el himno versus Messi abrazándose con Arévalo.  El plantel del 90 fue recibido como héroes. Messi llegó solo al aeropuerto de Barcelona. Capaz algo de estas miserias simbólicas tenga que ver.

6) Lo Celso no jugó ni un minuto

Quizás fue un gesto altruista de la dupla Sampaoli-Mascherano el de no quemar al gran jugador del PSG (hoguera donde ardió Meza, cuya titularidad se podría explicar como la “táctica de la metonimia” Messi-Meza). Dejo acá una bonita imagen de Lo Celso para los que no lo conocen.

5) La degradación de la violencia

Otras de las imágenes fuertes fue la de un grupo de barras argentinos pegándoles a Croatas. Obvio que los argentinos eran más, la fueron de Milosevic. Qué lejos quedaron los tiempos donde los barras peleaban en inferioridad numérica contra el imperio, cuando “Pistola” Gamez le cantaba a los Hooligans “Lo dificil es administrar la justicia y la violencia” mientras los surtía.

4) Lothar Mattäus

El cipayismo de La Nación de pagar por una columna de Lothar Mattäus, que parado sobre la eliminación de su selección, mufó el partido contra Francia y encima juzgó el “mal comportamiento” de Maradona en la tribuna (el único argentino en la cancha que jugó bien su partido). Se resignifica el plantón de Racing cuando estuvieron a punto de contratarlo como DT. Un infrahombre.

3) La copa de jamón y queso

Antes del mundial, las publicidades mostrando a los jugadores, que nunca habian ganado  nada de verdad, obteniendo como premios productos tristes.Tragedia. Peor fu ver la pauta ya contratada después de la eliminación. Farsa. De todas formas, la combinación de codicia y mal gusto nos deja la mejor imagen de Mascherano con la camiseta de la selección.

2) El potrero mal actuado

El brainstorming de las agencias para los mundiales suele ser apenas un chubasco amargo. La apelación al potrero de la mano de un “humilde castingeado por Cris Morena” que decidió Tarjeta Naranja es un cúmulo de malas elecciones que sólo superó Sampaoli. Tesis: “El potrero como mito en la era de la play”.

1) Sampaoli puteando a los croatas

Pero sin dudas la peor muestra de degradación de nuestra civilización, está encarnada en la figura de Sampaoli. De todas las cosas que viene acumulando (el insulto al agente de tránsito en Casilda de hace unos años, sus frases motivacionales que sólo motivaron a Arturo Vidal a pisar el acelerador de su Ferrari), la peor fue insultar a los jugadores croatas en el partido que nos estaban ganando. Modric, que vio a su abuelo ejecutado en la guerra de los Balcanes, se tuvo que bancar a este payaso vestido de fiesta de egresados, cacareando.

 

 

El aura grabada

 

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1 El otro día quería escuchar Wedding Present. Eran las 6:50 am y tenía un día de trabajo por delante así que quería escuchar esas guitarras rapiditas sin distorsión y las letras de rencor que tanto nos gustan.

2 Me apreció una edición 30 años de George Best, mi disco preferido de WP.

3 La tapa no era la foto del jugador sino un stencil donde George Best parece Rod Stewart. “Bueno, una edición remasterizada” me dije.

4 Le dí play y sonaba como que faltaba un canal,  faltaba cuerpo, vida, aura.

5 Moví la ficha del auricular.

6 Putié (y puteé).

7 [Hay un registro en video donde George Best, después de sufrir una patada sin estética de Bilardo, en la final de Estudiantes contra el Manchester, le muestra la pelota ostensiblemente, como diciéndole “se juega con esto”].

8 [Una muy buena remake de esa escena es la de Orlando dándole de comer pasto a Desábato].

9 Resulta que después de probar el miniplug durante tres estaciones de subte, gugleo.

10 Y ahí me entero que el huevón de David Gedge volvió a grabar ese primer disco hermoso, su mejor obra, su momento más sublime.

11 El pelotudazo de David Gedge (que es matemático egresado de la universidad de Leeds, pero que ante todo es un viejo boludo por esto que descubrí) VOLVIÓ A GRABAR SU MEJOR DISCO CON (el Santaolalla de) STEVE ALBINI.

12 FORRO.

13 ¿Es el artista el dueño de su obra? Respuesta: NO.

14 La forma en que Gedge y Albini ASESINARON “My favorite dress” es para hacerles juicio. Y ejecutarlos. Transformaron una canción de dolor y fetiche de la mercancía emocional en una masa de NADA. De tipos que se toman un finde largo con Grupon. Que “aprovechan” ofertas.

15 Lei que las baterías del disco original estaban hechas con una máquina y que ahora grabó con baterista. El resultado dice: IMPORTA EL AURA, NO LOS BATERISTAS.

16 [Los bateristas nunca importan]

17 Lo bueno de todo este entuerto: hay un aura aún en la música grabada.

¿Obras o chorizos?

Hipótesis

Hablando con dos amigos, que además son músicos y productores, uno de ellos planteaba que la industria de la música era necesaria para que existan los artistas de culto. Si no existieran los artistas que venden millones de discos y provocan terabytes de “contenidos” diarios, no se podría tener en cuenta el hacer música como un hecho artístico. Si la industria del entretenimiento adoptara la colocación de membranas como un arte, alguien que coloca membranas magistralmente, sería reconocido como un artista, pero como no existe, la colocación de membranas pasa sin pena ni gloria. Entonces, decía, el tipo que hace una basura pero sostiene la industria, es vital para que ese artista escondido, más comprometido con una acto artístico que con un producto, tenga la chance de ser descubierto o escuchado en algún momento. La industria le marcaría las coordenadas para que su acto se defina por dentro (chorizo) o por fuera (obra).

 

Una puesta a prueba

En 1966 Seymour Stein y Richard Gottehrer invirtieron 10 mil dólares para armar Sire Records.

Stein trabajaba en Billboard. Gottehrer era músico.

Sire es el sello donde grabaron casi todos los del CBGBs (Gottehrer produjo varios de esos discos), y un amplio abanico de artistas que va de los Deviants a Madonna.

Después la venden a Warner, etcétera.

¿Hay un hilo que une al artista que hizo “Death of a dream machine” https://www.youtube.com/watch?v=TEWqNYBBM_0 con la que interpreta “Into the groove”?

Sí. El dinero salió del mismo lugar y, sobre todo, fue al mismo lugar. Industria. Colocar membranas.

Pero además, Clive Muldoon, que era parte de los viejos Deviants, es el autor de “Ray of Light” (que en su momento bautizó “Saphire”).

Producto y obra unidos por un hilo verde.

Hay muchísimos ejemplos de este efecto derrame.

Cobain, de afligido en su habitación a la fama, tapa de RS con remera de Daniel Johnston, documental de Daniel, reedición de sus discos, Daniel Johnston toca en Buenos Aires. Sin la tapa de la Rolling Stone, no hay Daniel Johnston en Buenos Aires.

 

¿Obra o chorizo?

Es una discusión que estaba muerta después de Warhol pero ahora resucitó como zombie. ¿Qué define a una obra? ¿Es la técnica con que se hace? ¿Es el momento en que sale? ¿Es el momento en que se compone? ¿Es la ropa que usa el músico?¿Es un valor bajo en el índice edad del artista / convocatoria?

Bourdieu plantea dos lógicas en los modos de producción y circulación del arte.  Una lógica “anti económica”, que rechaza lo “comercial” y el beneficio económico a corto plazo “Esta producción  no puede reconocer más demanda que la que es capaz de producir ella misma”, el beneficio económico, en todo caso, está pensado a largo plazo, cuando luego de una acumulación de capital simbólico como capital económico negado, hace crecer las arcas de la legitimidad y termina constituyendo un crédito, una garantía. Obra.

 

La otra lógica es opuesta. Otorga la prioridad a la difusión, al éxito inmediato y temporal. Se ajustan a la demanda preexistente de la clientela y dentro de formas preestablecidas. Chorizos.

Si pensamos el pop/rock actual, estamos en un momento en que el paso del tiempo hizo que ese capital acumulado en la primera lógica por algunos pioneros artísticamente más puros, creció en el mercado comercial actual. Velvet Underground es un ejemplo paradigmático de eso. Ni hablar del punk o la macedonia del reggae.

El tiempo, en definitiva, lleva todo al chorizo. No es bueno ni malo: ocurre.

Ahora, el tema es si dentro del  ordenado catálogo de símbolos del pop/rock hay lugar para artistas de la primera lógica cuando esos signos de ruptura e independencia se volvieron “demanda preexistente”. Y eso ocurrió hace mucho, mucho tiempo. El extraño del pelo largo sólo pareció extraño un par de meses. Después eran los mismos pelilargos chorizos quien cantaban lo de “extraño” intentando quedarse un rato más del otro lado de la frontera artística. Lo cantaban en un película para las viejas. El tipo común de pelo largo.

Obra o chorizo. Experimento:

1) Escúchese al artista de la tapa de The Wire (https://www.thewire.co.uk/issues/y=2017) , inrockuptibles (https://losinrocks.com/) , Rolling Stone ARG (http://www.rollingstone.com.ar/2099055-rolling-stone-238) , cualquier disco con buen puntaje de Pitchfork (https://pitchfork.com/best/) o el CD de la RockDelux (http://www.rockdelux.com/archivo/p/rdl368-Enero-2018.html).

2) ¿Tuvo algún instante de excitación, perplejidad o éxtasis? (si la respuesta en “no”, pase a la pregunta 4)

3) ¿Qué elemento produjo esa sensación? (pase a la pregunta 5)

4) ¿Se emboló? (si la respuesta es “sí” abandone el experimento por algo mejor)

5) ¿Es un elemento nuevo o uno viejo puesto en otro contexto?

6) ¿Puede ubicar otro momento artístico que le haya generado la misma sensación? ¿En qué etapa de su propia vida?

 

Guns ‘n’ Rosebud

Hay chorizos con conciencia de clase que viven su momento y disfrutan de ser un embutido en un mundo de embutidos. No resisten ningún análisis, excepto el bromatológico.

Hay otros que son chorizos mas cuidados, hechos de materiales buenos, atados con maestría, ricos al plato. Son chorizos en cuanto a la serie y la poca variación entre uno y otro. Se ofrecen a la demanda existente más que nunca (“lo nuevo de…”, “el último de…”) y su juegos con la diferenciación de lo anterior son superficiales (pensemos en “La síntesis O’Konor”: se habla de la espada de la tapa, del lugar donde se grabó, pero sin esa información “diferencial”, es otro disco de El Mató y listo, con todo lo bueno y lo malo de eso).

 

Pausa.

Pero,  ¿qué “obra” nació como obra y no como “chorizo cuidado”?

Si uno piensa en las grandes “obras” del poprock, no son más que chorizos de su época elevados a esa categoría por el paso del tiempo y el anclaje emocional biográfico de los escuchas. La obra y el chorizo  van jugando una dialéctica de legitimación/hastío a lo largo del tiempo.

Petsounds: chorizo (1966), obra (1968), chorizo (80s), obra (90s), chorizobra (hasta la fecha)

Zooropa (¿se acuerdan?): Obra cuando salió, chorizo bombón ahora.

 

Play.

Parte del mecanismo que transforma un chorizo en obra tiene que ver con el tiempo y el contexto. El chorizo tiene que ser olvidado, humillado, prohibido, para poder aspirar a ser obra. El camino del héroe del embutido. Y tiene que haber prendido emocionalmente en algún momento biográfico disruptivo (adolescencia, infancia, o cualquier otra pérdida). La pérdida, en definitiva es el espacio que necesita el chorizo para desarrollarse obra.

Los Beatles, por ejemplo. Más de allá del aburrido acuerdo colectivo, sobrevivieron como obra por la pérdida de la carrera justo a tiempo, antes de los 70s. Fueron chorizos al comienzo pero se elevaron a obra cuando dejaron de tocar en público y “perdieron” el guión de las bandas similares.

Stop.

Pasatiempo para el verano: ordenar en columnas obras/chorizos las discografías de Bowie, Guided by Voices, Sunn o)) y Diego Torres.

Luca Bocci – Ahora

Entre el cacareo del gallinero social de fin de año, un cloqueo se abrió paso con la estridencia del microclima. “Luca Bocci”, decían las ponedoras. Lucacacacacará Bochi.

“¿Quién es Luca Bocci y por qué todos en Argentina hablan de él?” dice una nota de Vice México. La bajada describe “una de las voces más brillantes” (sic). El primer párrafo nombra a las “décadas del 80 y 90” y a: “Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta, Andrés Calamaro, Soda Stereo y Gustavo Cerati.”

Pareciera que a la pregunta del título, el artista responde “Soy el lugar común que quieras que sea”. Artista de la coyuntura.

El periodismo cultural en general, y el de poprock en particular, se asemeja al sorteo del mundial. En un bol, los nombres consagrados, los cabeza de serie. En otros, los nuevos exponentes (dentro de esquemas estéticos reconocibles por los escribas). La dinámica de las redes sociales y el flujo de influencias eligen el lugar en el grupo. Que no se malinterprete: no es que circule dinero para hablar de un artista, aunque eso a veces pase, lo que funciona es la imposibilidad de un periodista o sus descendientes, los miembros activos de redes sociales, de “quedar mal”, el miedo, el terror, de no comprender el zeitgeist.

Así, el disco de Luca Bocci que a alguien de mi generación le parece un cosplay de la Mega, a las nuevas generaciones le parecerá, supongo, interesante por encontrarse con alguien joven (todas las notas a Bocci van a decir que tiene 22 años) haciendo la música de sus padres. Una transmisión sin interferencias, de oveja blanca a oveja blanca.

¿Qué música se escuchaba en tu casa?
Se escuchaba mucho rock argentino del viejo, había discos de Charly y de Fito.

(Vice, octubre 2017)

¿Es posible una estética interesante sin conflicto generacional?

La adolescencia es el período de la vida donde uno elige vivir la experiencia de la otredad o quedarse en la endogamia. Si los discos de los padres pasan a ser una basura que da vergüenza ajena, se ha elegido bien (vale para cualquier música). Si, en cambio, se va de la mano con el progenitor a ver un recital del ídolo paterno: mala opción. Pésima.

Uno rompe los lazos estéticos con los padres para reencontrárselos luego. Pero es necesario haberlos mandados a cagar alguna vez. Cuando mi generación redescubrió ABBA, ese encuentro tuvo la potencia de quien dejó de escucharlos. Sólo sirve si se llega desde una experiencia propia. Sino, es como aquellos viejos programas de tango de la tele, o Cosquín, donde aparece un nene de 8 años cantando “Yira” o “Lunita tucumana”.

Primera cuestión, entonces, para mi generación (1), el disco de Luca Bocci no representa ninguna ruptura, ningún redescubrimiento. Escribo mi generación y me río: “a mí generación no le importa tu opinión”. Sin embargo, una estética se arma desde la ruptura. Babasónicos cuando editó Pasto declaraban: “Charly García representa lo que nunca quisiéramos ser”. (Página/12, 1993, reeditada en el 2012 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-5823-2012-03-01.html)

Alguien podría decir “¿Pero los Babasónicos de Pasto no son un cosplay de Janes Addiction?”. Puede ser, pero para lo que era el rock nacional de entonces, Jane’s Addiction era un rasgo de exogamia. Bardear un cabeza de serie es un gesto exogámico.

Segunda cuestión, la originalidad ¿A quién no le pasó que el sonido de una banda le parece genial y original en un primer encuentro y con el correr de la noche, la carroza se transforma en calabaza? Stereolab, por ejemplo. Una cosa es entrar directo y otra conociendo The Free Design y Neu! Ahora ya quedan pocos resistentes de la originalidad. No importa lo que se cuenta sino cómo se cuenta. Está bien, Ahora suena a compilado de revista Noticias, pero ¿tiene buenas canciones o no?

Difícil. Las letras podrían ser un buen valor. Gracias a las letras de sus primeros disco, Bochatón logró que sea admirado un bajista que toca fuerte.. Acá, van por el sendero de gente a la que no le pasa nada gran cosa, de generación indoor:

Una vez más qué más da,
si lo hago, lo hago y ya.
No quiero estar pensando
en lo que podría pasar
si te explico,
que es esta la vida, y es así;
no te persigas nena.

(Era de Piscis)

Esto podría hablar de un suicidio o un bloqueo de instagram. El tema es que si una letra no narra (Jorge Serrano)  ni rompe poéticamente (Bochatón), ¿por qué no entregarse a lo instrumental?

Tres canciones después, un manifesto:

Llevo todo el dia fumando
y no sé cómo parar.
Tengo una estrofa en la mano
y un arma en la cabeza.

Y mis canciones ya no son complicadas,
me cansé de huir de mi y esta es la prueba
de que todo lo que haga está bien.

(Ahora)

Las letras del disco hablan de soledad, relaciones paterno-filiales, fumar, fantasias de locura, promesas de “hacer” (pero nunca cuenta qué, seguramente porque “hacer” es hacer la canción nomás). Se usan las palabras “estrellas”, “alma”, “mirada”, “corazón”, “perla”,”mar”. Un bazar atendido por Amado Nervo.

Tercera cuestión: la juventud como valor. Los lectores más jóvenes habrán notado que quien escribe esto es un viejo cuarentón (la queja como motor, la chicana como argumento, la reivindicación de los primeros discos de la generación de los 90, etc) ¿Qué hacía yo a los 22 años? Estaba mirando el techo de algún cuarto. Y estaba en la facultad mirando órganos con cáncer en las mesas de preparados de Patología. Lo más cerca del black metal que estuve en mi vida. Había dejado de escuchar a Fito Paez y Charly García. A Fito lo abandoné en Tercer Mundo, cinco años antes de mis 22. No es un gesto para enorgullecerse, de hecho estaba totalmente olvidado: es la primera vez que saco estas cuentas. Perder el tiempo mirando el techo o cursando Pato no hace a la diferencia. Pero s, indirectamente. Si la vejez es regurgitación (ir a ver emocionados a los artistas cada vez más viejos tocando las mismas cosas), la juventud es craving de conocimiento. Ansia de experiencias. La juventud no responde a la distancia entre el meconio y el punto temporal actual. Se es joven no cronológico  si uno está movido por la expansión, por el optimismo de enfrentar lo complejo. Las puertas de la vejez no cronológica, en cambio, dicen “Quejarse cómodo, libera”. Y es un tremendo desafío en el aburrimiento actual encontrar la manera de escaparse de ahí.

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(1) Entiéndase el “mi generación” usado acá como una versión libre de seres que comparten más o menos una lógica estética y un recorrido de experiencia banal, no necesariamente fijados a un tiempo y espacio específico.