10 muestras de la degradación como civilización que nos deja el mundial de Rusia (hasta ahora)

10 ) Los japoneses como ejemplo y los debates siberianos que se desprendieron de ellos

La imagen de un grupo de hinchas japoneses levantando papelitos después de un partido abrió el vórtice del “ejemplo”. Al rato, un grupo de ridículos uruguayos también se sacaron fotos limpiando estadios pero redoblando la apuesta: usaban guardapolvos y moñas siguiendo al Dios del Ejemplo, el Maestro Tabarez, que a su vez aprovechó los minutos de fama de un par de goles  para bajar línea con una carta para las delicias del doble standard facebookiano.

 

9) Mascherano en plan virgen que llora sangre

El por fin ex jugador de la selección, se las ingenió para que una gota de sangre le caiga por su rostro mientras llegaba tarde a todas las pelotas ¿Por qué no se lo limpiaba? ¿Por qué el árbitro no lo sacó de la cancha? Porque hay que alimentar al guerrero, al master de tirarse al piso en slow motion, al presidente de quedarse pidiendo offside mientras nos metían goles.

8) Los garcas formateados por los noventas de Tinelli y Pergolini (alimentados actualmente por la Metro)

Hubo récords de vergüenza ajena al ver las imágenes de estos imbéciles (en las categorías de Pinel). No por la imagen que damos en el exterior (para eso, es incomparable a la ineficacia de gestión y violación de derechos humanos), sino como especie. Si un satélite de Andrómeda vio estas imágenes, nos deberían mandar un rayo y terminar con esta resaca antropológica.

7) El abrazo de Messi con Arévalo

El ídolo sin títulos estuvo mucho tiempo sin hablar con la prensa, ofendido por quién sabe qué sarasa (no está mal, porque la prensa deportiva argentina es como para no hablarles nunca más). Pero entonces metió un gol (impresionante) y eligió abrazarse con Arévalo. Le faltó levantarse la camiseta y besar una foto de Angelici. En un contexto de fracaso, los pequeños gestos determinan un valor. Maradona jugando con el tobillo roto, puteando a los tanos que puteaban el himno versus Messi abrazándose con Arévalo.  El plantel del 90 fue recibido como héroes. Messi llegó solo al aeropuerto de Barcelona. Capaz algo de estas miserias simbólicas tenga que ver.

6) Lo Celso no jugó ni un minuto

Quizás fue un gesto altruista de la dupla Sampaoli-Mascherano el de no quemar al gran jugador del PSG (hoguera donde ardió Meza, cuya titularidad se podría explicar como la “táctica de la metonimia” Messi-Meza). Dejo acá una bonita imagen de Lo Celso para los que no lo conocen.

5) La degradación de la violencia

Otras de las imágenes fuertes fue la de un grupo de barras argentinos pegándoles a Croatas. Obvio que los argentinos eran más, la fueron de Milosevic. Qué lejos quedaron los tiempos donde los barras peleaban en inferioridad numérica contra el imperio, cuando “Pistola” Gamez le cantaba a los Hooligans “Lo dificil es administrar la justicia y la violencia” mientras los surtía.

4) Lothar Mattäus

El cipayismo de La Nación de pagar por una columna de Lothar Mattäus, que parado sobre la eliminación de su selección, mufó el partido contra Francia y encima juzgó el “mal comportamiento” de Maradona en la tribuna (el único argentino en la cancha que jugó bien su partido). Se resignifica el plantón de Racing cuando estuvieron a punto de contratarlo como DT. Un infrahombre.

3) La copa de jamón y queso

Antes del mundial, las publicidades mostrando a los jugadores, que nunca habian ganado  nada de verdad, obteniendo como premios productos tristes.Tragedia. Peor fu ver la pauta ya contratada después de la eliminación. Farsa. De todas formas, la combinación de codicia y mal gusto nos deja la mejor imagen de Mascherano con la camiseta de la selección.

2) El potrero mal actuado

El brainstorming de las agencias para los mundiales suele ser apenas un chubasco amargo. La apelación al potrero de la mano de un “humilde castingeado por Cris Morena” que decidió Tarjeta Naranja es un cúmulo de malas elecciones que sólo superó Sampaoli. Tesis: “El potrero como mito en la era de la play”.

1) Sampaoli puteando a los croatas

Pero sin dudas la peor muestra de degradación de nuestra civilización, está encarnada en la figura de Sampaoli. De todas las cosas que viene acumulando (el insulto al agente de tránsito en Casilda de hace unos años, sus frases motivacionales que sólo motivaron a Arturo Vidal a pisar el acelerador de su Ferrari), la peor fue insultar a los jugadores croatas en el partido que nos estaban ganando. Modric, que vio a su abuelo ejecutado en la guerra de los Balcanes, se tuvo que bancar a este payaso vestido de fiesta de egresados, cacareando.

 

 

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El aura grabada

 

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1 El otro día quería escuchar Wedding Present. Eran las 6:50 am y tenía un día de trabajo por delante así que quería escuchar esas guitarras rapiditas sin distorsión y las letras de rencor que tanto nos gustan.

2 Me apreció una edición 30 años de George Best, mi disco preferido de WP.

3 La tapa no era la foto del jugador sino un stencil donde George Best parece Rod Stewart. “Bueno, una edición remasterizada” me dije.

4 Le dí play y sonaba como que faltaba un canal,  faltaba cuerpo, vida, aura.

5 Moví la ficha del auricular.

6 Putié (y puteé).

7 [Hay un registro en video donde George Best, después de sufrir una patada sin estética de Bilardo, en la final de Estudiantes contra el Manchester, le muestra la pelota ostensiblemente, como diciéndole “se juega con esto”].

8 [Una muy buena remake de esa escena es la de Orlando dándole de comer pasto a Desábato].

9 Resulta que después de probar el miniplug durante tres estaciones de subte, gugleo.

10 Y ahí me entero que el huevón de David Gedge volvió a grabar ese primer disco hermoso, su mejor obra, su momento más sublime.

11 El pelotudazo de David Gedge (que es matemático egresado de la universidad de Leeds, pero que ante todo es un viejo boludo por esto que descubrí) VOLVIÓ A GRABAR SU MEJOR DISCO CON (el Santaolalla de) STEVE ALBINI.

12 FORRO.

13 ¿Es el artista el dueño de su obra? Respuesta: NO.

14 La forma en que Gedge y Albini ASESINARON “My favorite dress” es para hacerles juicio. Y ejecutarlos. Transformaron una canción de dolor y fetiche de la mercancía emocional en una masa de NADA. De tipos que se toman un finde largo con Grupon. Que “aprovechan” ofertas.

15 Lei que las baterías del disco original estaban hechas con una máquina y que ahora grabó con baterista. El resultado dice: IMPORTA EL AURA, NO LOS BATERISTAS.

16 [Los bateristas nunca importan]

17 Lo bueno de todo este entuerto: hay un aura aún en la música grabada.

¿Obras o chorizos?

Hipótesis

Hablando con dos amigos, que además son músicos y productores, uno de ellos planteaba que la industria de la música era necesaria para que existan los artistas de culto. Si no existieran los artistas que venden millones de discos y provocan terabytes de “contenidos” diarios, no se podría tener en cuenta el hacer música como un hecho artístico. Si la industria del entretenimiento adoptara la colocación de membranas como un arte, alguien que coloca membranas magistralmente, sería reconocido como un artista, pero como no existe, la colocación de membranas pasa sin pena ni gloria. Entonces, decía, el tipo que hace una basura pero sostiene la industria, es vital para que ese artista escondido, más comprometido con una acto artístico que con un producto, tenga la chance de ser descubierto o escuchado en algún momento. La industria le marcaría las coordenadas para que su acto se defina por dentro (chorizo) o por fuera (obra).

 

Una puesta a prueba

En 1966 Seymour Stein y Richard Gottehrer invirtieron 10 mil dólares para armar Sire Records.

Stein trabajaba en Billboard. Gottehrer era músico.

Sire es el sello donde grabaron casi todos los del CBGBs (Gottehrer produjo varios de esos discos), y un amplio abanico de artistas que va de los Deviants a Madonna.

Después la venden a Warner, etcétera.

¿Hay un hilo que une al artista que hizo “Death of a dream machine” https://www.youtube.com/watch?v=TEWqNYBBM_0 con la que interpreta “Into the groove”?

Sí. El dinero salió del mismo lugar y, sobre todo, fue al mismo lugar. Industria. Colocar membranas.

Pero además, Clive Muldoon, que era parte de los viejos Deviants, es el autor de “Ray of Light” (que en su momento bautizó “Saphire”).

Producto y obra unidos por un hilo verde.

Hay muchísimos ejemplos de este efecto derrame.

Cobain, de afligido en su habitación a la fama, tapa de RS con remera de Daniel Johnston, documental de Daniel, reedición de sus discos, Daniel Johnston toca en Buenos Aires. Sin la tapa de la Rolling Stone, no hay Daniel Johnston en Buenos Aires.

 

¿Obra o chorizo?

Es una discusión que estaba muerta después de Warhol pero ahora resucitó como zombie. ¿Qué define a una obra? ¿Es la técnica con que se hace? ¿Es el momento en que sale? ¿Es el momento en que se compone? ¿Es la ropa que usa el músico?¿Es un valor bajo en el índice edad del artista / convocatoria?

Bourdieu plantea dos lógicas en los modos de producción y circulación del arte.  Una lógica “anti económica”, que rechaza lo “comercial” y el beneficio económico a corto plazo “Esta producción  no puede reconocer más demanda que la que es capaz de producir ella misma”, el beneficio económico, en todo caso, está pensado a largo plazo, cuando luego de una acumulación de capital simbólico como capital económico negado, hace crecer las arcas de la legitimidad y termina constituyendo un crédito, una garantía. Obra.

 

La otra lógica es opuesta. Otorga la prioridad a la difusión, al éxito inmediato y temporal. Se ajustan a la demanda preexistente de la clientela y dentro de formas preestablecidas. Chorizos.

Si pensamos el pop/rock actual, estamos en un momento en que el paso del tiempo hizo que ese capital acumulado en la primera lógica por algunos pioneros artísticamente más puros, creció en el mercado comercial actual. Velvet Underground es un ejemplo paradigmático de eso. Ni hablar del punk o la macedonia del reggae.

El tiempo, en definitiva, lleva todo al chorizo. No es bueno ni malo: ocurre.

Ahora, el tema es si dentro del  ordenado catálogo de símbolos del pop/rock hay lugar para artistas de la primera lógica cuando esos signos de ruptura e independencia se volvieron “demanda preexistente”. Y eso ocurrió hace mucho, mucho tiempo. El extraño del pelo largo sólo pareció extraño un par de meses. Después eran los mismos pelilargos chorizos quien cantaban lo de “extraño” intentando quedarse un rato más del otro lado de la frontera artística. Lo cantaban en un película para las viejas. El tipo común de pelo largo.

Obra o chorizo. Experimento:

1) Escúchese al artista de la tapa de The Wire (https://www.thewire.co.uk/issues/y=2017) , inrockuptibles (https://losinrocks.com/) , Rolling Stone ARG (http://www.rollingstone.com.ar/2099055-rolling-stone-238) , cualquier disco con buen puntaje de Pitchfork (https://pitchfork.com/best/) o el CD de la RockDelux (http://www.rockdelux.com/archivo/p/rdl368-Enero-2018.html).

2) ¿Tuvo algún instante de excitación, perplejidad o éxtasis? (si la respuesta en “no”, pase a la pregunta 4)

3) ¿Qué elemento produjo esa sensación? (pase a la pregunta 5)

4) ¿Se emboló? (si la respuesta es “sí” abandone el experimento por algo mejor)

5) ¿Es un elemento nuevo o uno viejo puesto en otro contexto?

6) ¿Puede ubicar otro momento artístico que le haya generado la misma sensación? ¿En qué etapa de su propia vida?

 

Guns ‘n’ Rosebud

Hay chorizos con conciencia de clase que viven su momento y disfrutan de ser un embutido en un mundo de embutidos. No resisten ningún análisis, excepto el bromatológico.

Hay otros que son chorizos mas cuidados, hechos de materiales buenos, atados con maestría, ricos al plato. Son chorizos en cuanto a la serie y la poca variación entre uno y otro. Se ofrecen a la demanda existente más que nunca (“lo nuevo de…”, “el último de…”) y su juegos con la diferenciación de lo anterior son superficiales (pensemos en “La síntesis O’Konor”: se habla de la espada de la tapa, del lugar donde se grabó, pero sin esa información “diferencial”, es otro disco de El Mató y listo, con todo lo bueno y lo malo de eso).

 

Pausa.

Pero,  ¿qué “obra” nació como obra y no como “chorizo cuidado”?

Si uno piensa en las grandes “obras” del poprock, no son más que chorizos de su época elevados a esa categoría por el paso del tiempo y el anclaje emocional biográfico de los escuchas. La obra y el chorizo  van jugando una dialéctica de legitimación/hastío a lo largo del tiempo.

Petsounds: chorizo (1966), obra (1968), chorizo (80s), obra (90s), chorizobra (hasta la fecha)

Zooropa (¿se acuerdan?): Obra cuando salió, chorizo bombón ahora.

 

Play.

Parte del mecanismo que transforma un chorizo en obra tiene que ver con el tiempo y el contexto. El chorizo tiene que ser olvidado, humillado, prohibido, para poder aspirar a ser obra. El camino del héroe del embutido. Y tiene que haber prendido emocionalmente en algún momento biográfico disruptivo (adolescencia, infancia, o cualquier otra pérdida). La pérdida, en definitiva es el espacio que necesita el chorizo para desarrollarse obra.

Los Beatles, por ejemplo. Más de allá del aburrido acuerdo colectivo, sobrevivieron como obra por la pérdida de la carrera justo a tiempo, antes de los 70s. Fueron chorizos al comienzo pero se elevaron a obra cuando dejaron de tocar en público y “perdieron” el guión de las bandas similares.

Stop.

Pasatiempo para el verano: ordenar en columnas obras/chorizos las discografías de Bowie, Guided by Voices, Sunn o)) y Diego Torres.

Luca Bocci – Ahora

Entre el cacareo del gallinero social de fin de año, un cloqueo se abrió paso con la estridencia del microclima. “Luca Bocci”, decían las ponedoras. Lucacacacacará Bochi.

“¿Quién es Luca Bocci y por qué todos en Argentina hablan de él?” dice una nota de Vice México. La bajada describe “una de las voces más brillantes” (sic). El primer párrafo nombra a las “décadas del 80 y 90” y a: “Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta, Andrés Calamaro, Soda Stereo y Gustavo Cerati.”

Pareciera que a la pregunta del título, el artista responde “Soy el lugar común que quieras que sea”. Artista de la coyuntura.

El periodismo cultural en general, y el de poprock en particular, se asemeja al sorteo del mundial. En un bol, los nombres consagrados, los cabeza de serie. En otros, los nuevos exponentes (dentro de esquemas estéticos reconocibles por los escribas). La dinámica de las redes sociales y el flujo de influencias eligen el lugar en el grupo. Que no se malinterprete: no es que circule dinero para hablar de un artista, aunque eso a veces pase, lo que funciona es la imposibilidad de un periodista o sus descendientes, los miembros activos de redes sociales, de “quedar mal”, el miedo, el terror, de no comprender el zeitgeist.

Así, el disco de Luca Bocci que a alguien de mi generación le parece un cosplay de la Mega, a las nuevas generaciones le parecerá, supongo, interesante por encontrarse con alguien joven (todas las notas a Bocci van a decir que tiene 22 años) haciendo la música de sus padres. Una transmisión sin interferencias, de oveja blanca a oveja blanca.

¿Qué música se escuchaba en tu casa?
Se escuchaba mucho rock argentino del viejo, había discos de Charly y de Fito.

(Vice, octubre 2017)

¿Es posible una estética interesante sin conflicto generacional?

La adolescencia es el período de la vida donde uno elige vivir la experiencia de la otredad o quedarse en la endogamia. Si los discos de los padres pasan a ser una basura que da vergüenza ajena, se ha elegido bien (vale para cualquier música). Si, en cambio, se va de la mano con el progenitor a ver un recital del ídolo paterno: mala opción. Pésima.

Uno rompe los lazos estéticos con los padres para reencontrárselos luego. Pero es necesario haberlos mandados a cagar alguna vez. Cuando mi generación redescubrió ABBA, ese encuentro tuvo la potencia de quien dejó de escucharlos. Sólo sirve si se llega desde una experiencia propia. Sino, es como aquellos viejos programas de tango de la tele, o Cosquín, donde aparece un nene de 8 años cantando “Yira” o “Lunita tucumana”.

Primera cuestión, entonces, para mi generación (1), el disco de Luca Bocci no representa ninguna ruptura, ningún redescubrimiento. Escribo mi generación y me río: “a mí generación no le importa tu opinión”. Sin embargo, una estética se arma desde la ruptura. Babasónicos cuando editó Pasto declaraban: “Charly García representa lo que nunca quisiéramos ser”. (Página/12, 1993, reeditada en el 2012 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-5823-2012-03-01.html)

Alguien podría decir “¿Pero los Babasónicos de Pasto no son un cosplay de Janes Addiction?”. Puede ser, pero para lo que era el rock nacional de entonces, Jane’s Addiction era un rasgo de exogamia. Bardear un cabeza de serie es un gesto exogámico.

Segunda cuestión, la originalidad ¿A quién no le pasó que el sonido de una banda le parece genial y original en un primer encuentro y con el correr de la noche, la carroza se transforma en calabaza? Stereolab, por ejemplo. Una cosa es entrar directo y otra conociendo The Free Design y Neu! Ahora ya quedan pocos resistentes de la originalidad. No importa lo que se cuenta sino cómo se cuenta. Está bien, Ahora suena a compilado de revista Noticias, pero ¿tiene buenas canciones o no?

Difícil. Las letras podrían ser un buen valor. Gracias a las letras de sus primeros disco, Bochatón logró que sea admirado un bajista que toca fuerte.. Acá, van por el sendero de gente a la que no le pasa nada gran cosa, de generación indoor:

Una vez más qué más da,
si lo hago, lo hago y ya.
No quiero estar pensando
en lo que podría pasar
si te explico,
que es esta la vida, y es así;
no te persigas nena.

(Era de Piscis)

Esto podría hablar de un suicidio o un bloqueo de instagram. El tema es que si una letra no narra (Jorge Serrano)  ni rompe poéticamente (Bochatón), ¿por qué no entregarse a lo instrumental?

Tres canciones después, un manifesto:

Llevo todo el dia fumando
y no sé cómo parar.
Tengo una estrofa en la mano
y un arma en la cabeza.

Y mis canciones ya no son complicadas,
me cansé de huir de mi y esta es la prueba
de que todo lo que haga está bien.

(Ahora)

Las letras del disco hablan de soledad, relaciones paterno-filiales, fumar, fantasias de locura, promesas de “hacer” (pero nunca cuenta qué, seguramente porque “hacer” es hacer la canción nomás). Se usan las palabras “estrellas”, “alma”, “mirada”, “corazón”, “perla”,”mar”. Un bazar atendido por Amado Nervo.

Tercera cuestión: la juventud como valor. Los lectores más jóvenes habrán notado que quien escribe esto es un viejo cuarentón (la queja como motor, la chicana como argumento, la reivindicación de los primeros discos de la generación de los 90, etc) ¿Qué hacía yo a los 22 años? Estaba mirando el techo de algún cuarto. Y estaba en la facultad mirando órganos con cáncer en las mesas de preparados de Patología. Lo más cerca del black metal que estuve en mi vida. Había dejado de escuchar a Fito Paez y Charly García. A Fito lo abandoné en Tercer Mundo, cinco años antes de mis 22. No es un gesto para enorgullecerse, de hecho estaba totalmente olvidado: es la primera vez que saco estas cuentas. Perder el tiempo mirando el techo o cursando Pato no hace a la diferencia. Pero s, indirectamente. Si la vejez es regurgitación (ir a ver emocionados a los artistas cada vez más viejos tocando las mismas cosas), la juventud es craving de conocimiento. Ansia de experiencias. La juventud no responde a la distancia entre el meconio y el punto temporal actual. Se es joven no cronológico  si uno está movido por la expansión, por el optimismo de enfrentar lo complejo. Las puertas de la vejez no cronológica, en cambio, dicen “Quejarse cómodo, libera”. Y es un tremendo desafío en el aburrimiento actual encontrar la manera de escaparse de ahí.

———————
(1) Entiéndase el “mi generación” usado acá como una versión libre de seres que comparten más o menos una lógica estética y un recorrido de experiencia banal, no necesariamente fijados a un tiempo y espacio específico.

Un buen fin de semana

Hay veces en que todos los años dedicados a armar una profesión con libertad de agenda (pero con lucro cesante) deben ser cambiados por algo contundente para construir la experiencia, el último capital romántico que nos queda.

La tentación. Hace unos meses que Fede y Javier, amigos uruguayos pre facebook, vienen instalando una campaña de contagio de su entusiasmo por Julen y La Gente Sola, una banda joven uruguaya. Escuché el disco pero ocurrió algo terrible. La voz me hizo a cordar a Prietto. Y Prietto no me gusta. Nada personal, el efecto “Manos de Topo”. Le di algunas chances (eso hoy equivale a bajar el disco y no picarlo en streaming). Me gustaban algunas letras pero la media roja de la voz priettense llevaba todo a un rosa complicado. “El 4 de octubre tocamos con ellos en un lugar muy lindo. Tenés que venir”.

La gente sola. Hago por primera vez la gran sea cat y me sale bien. Mucho viento, la lancha no sale, viajé en el Silvia Ana. En el pre embarque una señora se saca una foto al lado del ploteo gigante de Paris. El metaturismo: ¿qué necesidad de gastar tanta plata y soportar a los franceses si en la foto del perfil de fb va a quedar igual?

Uruguay uheimlich. Llegamos con hambre (fui en familia, como corresponde a un indie en sus cuarentas). Vamos a comprar un pollo al spiedo. Hace años que no como un pollo al spiedo. La pollería tiene un vidrio para que el calor del spiedo no pase al sector de venta de pollos crudos. Al fondo, una puerta gigante con un termometro que marca una temperatura bajo cero, da paso a la cámara frigorífica. En medio de patas, muslos y menudos, hay formada una fila de cajitas amarillas y azules, con un gallo dibujado en la tapa. Son alfajores artesanales elaborados por AVICOLA POLLO Y PICO. Alfajores de chocolate y dulce de leche. Muy ricos. Lo mas normal del mundo.

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Art Deco. El lugar del recital es el teatro de un colegio. Tiene una arquitectura Art Deco con toques de bloque soviético. Hermoso. Dentro, cortinas rojas pesadas. Hacemos un chiste sobre Lynch porque somos muy graciosos y livianos.

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Prejuicios 1. Primero toca La Foca. Fede me había advertido que el Fede de Julen iba a subir a cantar algunos temas. Efectivamente, sube con buzo capucha y New Balance. Cuánto dato. Qué dificil. Sin embargo, la versión de Nosotros los que no sale muy linda, potenciada por la voz que en vivo no parecía tan priettense. Los saltitos me recuerdan a Shaun Ryder.

Julen. los chicos lo pronuncian con la jota. Los viejos le decimos con un sonido de y griega. No me doy cuenta por qué hasta que Javier rescata la hipótesis de que nosotros sólo conocemos a Julen Guerrero. Y le decíamos Yulen Guerrero. Tenía un aire  a Camilo Sesto.

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Platillos. La Foca toca muchos temas nuevos. Me gusta mucho uno medio new order. Hacen el hit Amaneciendo. Y quedo con ganas de otros grandes temas ya escuchados, digeridos y listos para ser evocados. Pero quiero detenerme en resaltar la idea de que los platillos es un mal al nivel de la viruela. El equivalente a un ladrido de caniche toy interrumpiendo un momento de lectura. Bateristas: toque sin platillos. Llévenlos para la foto si quieren, como al doble bombo, pero no les peguen. Si son adictos, vayan dejando el vicio tocándolos con escobillas. O con la mano (el baterista de Julen hizo esto en un momento, quizás ya empezó la rehab).

Prejuicios 2. Julen y La Gente Sola [gusta mucho en el uruguay y es un pecado mundial de la juventud musical poner nombres con ese formato de X(singular) y Z (plural)] me enganchan con una canción que cuenta una historia. La cuentan en la letra y en su despliegue estructural. Larry García, una canción sobre la mente de un obsesivo. A partir de ahí me olvidé del prejuicio priettense. El contagio estaba hecho. Julen mezclan a Carmen Sandiego con Viva Elastico. Y sale algo sin las sobras estridentes de los primeros ni el ancla popnacional de los segundos.

Remeras. El Fede de Julen sale con una remera de Crimson. Ahora que lo escribo me doy cuenta que estos chicos tuvieron que atravesar mas o menos mil rasgos de mala predisposición. Es una remera de Discipline, el disco donde Adrian Belew hace su gracia de doblar la guitarra para que suene como un elefante. Qué banda horrible Crimson. Son un Barrio Cerrado. “Siempre sale a tocar con una remera de los Faunos”, me dicen al otro día cuando comento mi crimsonfobia.

Red social. Cantante y guitarrista de las dos bandas suben invitados a tocar temas en el show del otro. El resultado es mas que las sumas de las partes. Brillan en Nosotros los que no (ya dicho) y La Chica del Mantenimiento (con los dos Fedes haciendo un contrapunto español al que alguien mordaz podría nombrar como Amistades Peligrosas y un amigo como “la gran Alfaro en el disco de Chucho Los Diarios del Petroleo”).

Tremendo, bo. “Leí lo que te pasó en el recital de Nacho Vegas. Tremendo, bo” me dice el bajista de La Foca en el hall antes de entrar. Y me hizo acordar a la frustrada noche de la impuntualidad impune de Ignacio Vegas. Está mal comparar pero acá arrancaron quince minutos despues de la hora anunciada. Y estaba lleno. Y no habia una banda que nadie queria ver antes. Así que parece que se puede hacer. Soy una vieja que se queja, lo admito. Pero ustedes, programadores de fechas que se atrasan por horas, son aun peores que una vieja que se queja. No sé muy bien qué, pero peores. Y miren que hay que ser peor que una vieja que se queja, eh?

Pulsión de diente. Vamos a comer a una parrila que tiene camisetas de futbol en las paredes. La única enmarcada es la Suarez.

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La Flecha de Buenos Aires. La vuelta fue en la lancha de sea cat. Estuve mareado desde que la ví amarrada. Repartieron bolsitas para vomitar antes de arrancar . “No los quiero sugestionar” dijo la señora. Todos estaban en silencio, mientras sonaba Shakira desde un CDR tirado en un DVD. No se movió mucho pero andá a decirle al sistema vestibular. Algunos vomitaron. Un grupo de viejas teñidas, una con calzas de fotos de divas de Hollywood, no pararon de cacarear todo el viaje. Inmunes a las nauseas, se prendieron al Free Shop, su mejor dramamine. Cuando las luces de Buenos Aires se hicieron grandes, entendí a Gardel.

Huracán. Fracasado el intento del colectivo, subimos a un taxi. El taxista que escucha el partido de River. “Va ganando Independiente 2 a 0”. ¿Sabés cómo salió el globo? “Perdió”. Y bueno. Todo no se puede.

El tiempo está de mi lado

Compré la entrada del recital de Nacho Vegas un mes antes del evento. Por esa acción premeditada obtuve el premio de ahorrar el 20% del valor con que se vendía en la puerta y, por otro lado, supongo que contribuí a la tranquilidad de los organizadores, que pudieron contar con mi humilde aporte a llenar la columna de ganancias. El ticket decía que el evento sería un martes a las 20 hs. No decía nada más.

El día del recital, me levanté a las 6 am y lo primero que vi fueron unas fotos en un grupo de wapp de Nacho Vegas cantando en Montevideo la noche que acababa de pasar. Baño y mates mediante, a las 7 am estaba en el subte y a las 8 trabajando. Después de atender a todos los pacientes a horario, fui a una reunión académica y luego a un hospital a coordinar una actividad. Llegué un rato antes y me retiré un rato después de lo acordado porque el tema que se discutió fue interesante. De ahí fui a buscar a mi hijo al jardín, que salió justo a la hora en que sale todos los días. Una vez en casa, mientras Diego rescataba animales de la selva, me enteré que habría dos teloneros. Una banda que no conocía (y que no tenía ninguna urgencia de conocer ) y Paoletti, a quien le dedique ya largas horas de admiración en mi juventud y que no me convocaba verlo hoy. Saqué cuentas. A las 19:30 abren la puerta. A las 20 tocan los primeros. A las 20:30 toca Paoletti. Nacho estará arrancando cuanto mucho a las 21:30. Terminará a las 23. Eso me daba unas 4 o 5 horas de descanso para enfrentar el trabajo del miércoles, y que arrastraría, en cuotas, el jueves y viernes.

Para confirmar busqué la pagina del evento en facebook. Había dos personas preguntando a qué hora empezaba el show de Nacho. Nadie había respondido. Asumí que mi cuentas no podían estar tan mal. Era martes. Era Niceto.

Llegué a las 20 y la puerta estaba cerrada. Un breve retraso estaba en los cálculos (seguía procesando el recargo de los teloneros que nadie pidió y que se ocultaban en la información al comprar la entrada). Fuí a Bangalore. Tomé unas gambrinus pale ale, comí algo y le mandé un mensaje a un amigo que iba a musicalizar el evento (dato que también me enteré esa misma tarde). Mi amigo contestó que en cuanto salga la primera banda me avisaba. La pinta bajó. Vino otra. Bajó. El lugar se llenó de teenageds. A las 21:15 volví a la puerta. Estaba abierta y se escuchaba música. Un mensaje del contacto del otro lado me dijo que hacía cinco segundos había empezado la primera banda. Unos chicos pasan rápido y le dicen al de la entrada “Ya empezó?”. El tipo del taburete contesta “No, como mínimo a las once”. Mi brazo, que ya extendía la entrada, se replegó. Recalculé tiempos. Pensé que ya había visto a Nacho en la época de fervor (aquel concierto genial en la sala del centro asturiano cuando el guitarrista se quebró al hacer el cover de Felpeyu). Pensé en si podría aguantar dos horas rehén de los teloneros y el lugar horrible. Pensé que después de todas esas horas de actividades diurnas, no estaría en un estado, no digo óptimo, pero ni siquiera posible, para disfrutar de las canciones. Pensé que en algún momento, que iba a ser al cuarto o quinto tema, sacaría el celular para ver la hora. Salí del corralito, me puse al lado de la boletería y le vendí la entrada barata a un pibe que se fue contento a tomar una cerveza para hacer tiempo.

Puede parecer la queja de alguien que ya no está para ir a recitales de “rock”. Abuelo, el rock es así, salvaje. Pero no. Un amigo me contó que una vez que vio a Robyn Hitchcock en Europa, tocó los bises sin bajarse del escenario “así todos llegamos a tomarnos el subte”.

Podrán decir que la noche da el contexto ideal para escuchar las canciones de Nacho Vegas. Ese argumento se cae inmediatamente con el lugar elegido para el show. No voy a extender la larga lista de incomodidades de Niceto, ya las sabemos todos. Se puede especular con que “la gente es así, les decis a las ocho y caen a las once”. Bueno, no. Porque no hace mucho que Chinarro tocó a las siete de la tarde y todos fueron a esa hora porque sabían que sino se lo perdían. Finalmente, escucho la voz que viene del fondo del salón de las lloronas del rock que gimen que el tiempo es nuestro, que sólo los burgueses se preocupan por el horario; que es bajo la luna que se expresan los sentimientos de los artistas torturados. A ellas, pobrecitas, les digo que uno de los mejores momentos artísticos que dio la cultura de Buenos Aires fue cuando en un Festival Buen Día, Travesti tocó Juventud Residual a las tres de la tarde bajo un sol voraz que hizo que todos estuvieran lejos del escenario, bajo los árboles, mientras un chico de cuatro o cinco años bailaba solo a los pies de Floxon.