¿Obras o chorizos?

Hipótesis

Hablando con dos amigos, que además son músicos y productores, uno de ellos planteaba que la industria de la música era necesaria para que existan los artistas de culto. Si no existieran los artistas que venden millones de discos y provocan terabytes de “contenidos” diarios, no se podría tener en cuenta el hacer música como un hecho artístico. Si la industria del entretenimiento adoptara la colocación de membranas como un arte, alguien que coloca membranas magistralmente, sería reconocido como un artista, pero como no existe, la colocación de membranas pasa sin pena ni gloria. Entonces, decía, el tipo que hace una basura pero sostiene la industria, es vital para que ese artista escondido, más comprometido con una acto artístico que con un producto, tenga la chance de ser descubierto o escuchado en algún momento. La industria le marcaría las coordenadas para que su acto se defina por dentro (chorizo) o por fuera (obra).

 

Una puesta a prueba

En 1966 Seymour Stein y Richard Gottehrer invirtieron 10 mil dólares para armar Sire Records.

Stein trabajaba en Billboard. Gottehrer era músico.

Sire es el sello donde grabaron casi todos los del CBGBs (Gottehrer produjo varios de esos discos), y un amplio abanico de artistas que va de los Deviants a Madonna.

Después la venden a Warner, etcétera.

¿Hay un hilo que une al artista que hizo “Death of a dream machine” https://www.youtube.com/watch?v=TEWqNYBBM_0 con la que interpreta “Into the groove”?

Sí. El dinero salió del mismo lugar y, sobre todo, fue al mismo lugar. Industria. Colocar membranas.

Pero además, Clive Muldoon, que era parte de los viejos Deviants, es el autor de “Ray of Light” (que en su momento bautizó “Saphire”).

Producto y obra unidos por un hilo verde.

Hay muchísimos ejemplos de este efecto derrame.

Cobain, de afligido en su habitación a la fama, tapa de RS con remera de Daniel Johnston, documental de Daniel, reedición de sus discos, Daniel Johnston toca en Buenos Aires. Sin la tapa de la Rolling Stone, no hay Daniel Johnston en Buenos Aires.

 

¿Obra o chorizo?

Es una discusión que estaba muerta después de Warhol pero ahora resucitó como zombie. ¿Qué define a una obra? ¿Es la técnica con que se hace? ¿Es el momento en que sale? ¿Es el momento en que se compone? ¿Es la ropa que usa el músico?¿Es un valor bajo en el índice edad del artista / convocatoria?

Bourdieu plantea dos lógicas en los modos de producción y circulación del arte.  Una lógica “anti económica”, que rechaza lo “comercial” y el beneficio económico a corto plazo “Esta producción  no puede reconocer más demanda que la que es capaz de producir ella misma”, el beneficio económico, en todo caso, está pensado a largo plazo, cuando luego de una acumulación de capital simbólico como capital económico negado, hace crecer las arcas de la legitimidad y termina constituyendo un crédito, una garantía. Obra.

 

La otra lógica es opuesta. Otorga la prioridad a la difusión, al éxito inmediato y temporal. Se ajustan a la demanda preexistente de la clientela y dentro de formas preestablecidas. Chorizos.

Si pensamos el pop/rock actual, estamos en un momento en que el paso del tiempo hizo que ese capital acumulado en la primera lógica por algunos pioneros artísticamente más puros, creció en el mercado comercial actual. Velvet Underground es un ejemplo paradigmático de eso. Ni hablar del punk o la macedonia del reggae.

El tiempo, en definitiva, lleva todo al chorizo. No es bueno ni malo: ocurre.

Ahora, el tema es si dentro del  ordenado catálogo de símbolos del pop/rock hay lugar para artistas de la primera lógica cuando esos signos de ruptura e independencia se volvieron “demanda preexistente”. Y eso ocurrió hace mucho, mucho tiempo. El extraño del pelo largo sólo pareció extraño un par de meses. Después eran los mismos pelilargos chorizos quien cantaban lo de “extraño” intentando quedarse un rato más del otro lado de la frontera artística. Lo cantaban en un película para las viejas. El tipo común de pelo largo.

Obra o chorizo. Experimento:

1) Escúchese al artista de la tapa de The Wire (https://www.thewire.co.uk/issues/y=2017) , inrockuptibles (https://losinrocks.com/) , Rolling Stone ARG (http://www.rollingstone.com.ar/2099055-rolling-stone-238) , cualquier disco con buen puntaje de Pitchfork (https://pitchfork.com/best/) o el CD de la RockDelux (http://www.rockdelux.com/archivo/p/rdl368-Enero-2018.html).

2) ¿Tuvo algún instante de excitación, perplejidad o éxtasis? (si la respuesta en “no”, pase a la pregunta 4)

3) ¿Qué elemento produjo esa sensación? (pase a la pregunta 5)

4) ¿Se emboló? (si la respuesta es “sí” abandone el experimento por algo mejor)

5) ¿Es un elemento nuevo o uno viejo puesto en otro contexto?

6) ¿Puede ubicar otro momento artístico que le haya generado la misma sensación? ¿En qué etapa de su propia vida?

 

Guns ‘n’ Rosebud

Hay chorizos con conciencia de clase que viven su momento y disfrutan de ser un embutido en un mundo de embutidos. No resisten ningún análisis, excepto el bromatológico.

Hay otros que son chorizos mas cuidados, hechos de materiales buenos, atados con maestría, ricos al plato. Son chorizos en cuanto a la serie y la poca variación entre uno y otro. Se ofrecen a la demanda existente más que nunca (“lo nuevo de…”, “el último de…”) y su juegos con la diferenciación de lo anterior son superficiales (pensemos en “La síntesis O’Konor”: se habla de la espada de la tapa, del lugar donde se grabó, pero sin esa información “diferencial”, es otro disco de El Mató y listo, con todo lo bueno y lo malo de eso).

 

Pausa.

Pero,  ¿qué “obra” nació como obra y no como “chorizo cuidado”?

Si uno piensa en las grandes “obras” del poprock, no son más que chorizos de su época elevados a esa categoría por el paso del tiempo y el anclaje emocional biográfico de los escuchas. La obra y el chorizo  van jugando una dialéctica de legitimación/hastío a lo largo del tiempo.

Petsounds: chorizo (1966), obra (1968), chorizo (80s), obra (90s), chorizobra (hasta la fecha)

Zooropa (¿se acuerdan?): Obra cuando salió, chorizo bombón ahora.

 

Play.

Parte del mecanismo que transforma un chorizo en obra tiene que ver con el tiempo y el contexto. El chorizo tiene que ser olvidado, humillado, prohibido, para poder aspirar a ser obra. El camino del héroe del embutido. Y tiene que haber prendido emocionalmente en algún momento biográfico disruptivo (adolescencia, infancia, o cualquier otra pérdida). La pérdida, en definitiva es el espacio que necesita el chorizo para desarrollarse obra.

Los Beatles, por ejemplo. Más de allá del aburrido acuerdo colectivo, sobrevivieron como obra por la pérdida de la carrera justo a tiempo, antes de los 70s. Fueron chorizos al comienzo pero se elevaron a obra cuando dejaron de tocar en público y “perdieron” el guión de las bandas similares.

Stop.

Pasatiempo para el verano: ordenar en columnas obras/chorizos las discografías de Bowie, Guided by Voices, Sunn o)) y Diego Torres.

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Luca Bocci – Ahora

Entre el cacareo del gallinero social de fin de año, un cloqueo se abrió paso con la estridencia del microclima. “Luca Bocci”, decían las ponedoras. Lucacacacacará Bochi.

“¿Quién es Luca Bocci y por qué todos en Argentina hablan de él?” dice una nota de Vice México. La bajada describe “una de las voces más brillantes” (sic). El primer párrafo nombra a las “décadas del 80 y 90” y a: “Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta, Andrés Calamaro, Soda Stereo y Gustavo Cerati.”

Pareciera que a la pregunta del título, el artista responde “Soy el lugar común que quieras que sea”. Artista de la coyuntura.

El periodismo cultural en general, y el de poprock en particular, se asemeja al sorteo del mundial. En un bol, los nombres consagrados, los cabeza de serie. En otros, los nuevos exponentes (dentro de esquemas estéticos reconocibles por los escribas). La dinámica de las redes sociales y el flujo de influencias eligen el lugar en el grupo. Que no se malinterprete: no es que circule dinero para hablar de un artista, aunque eso a veces pase, lo que funciona es la imposibilidad de un periodista o sus descendientes, los miembros activos de redes sociales, de “quedar mal”, el miedo, el terror, de no comprender el zeitgeist.

Así, el disco de Luca Bocci que a alguien de mi generación le parece un cosplay de la Mega, a las nuevas generaciones le parecerá, supongo, interesante por encontrarse con alguien joven (todas las notas a Bocci van a decir que tiene 22 años) haciendo la música de sus padres. Una transmisión sin interferencias, de oveja blanca a oveja blanca.

¿Qué música se escuchaba en tu casa?
Se escuchaba mucho rock argentino del viejo, había discos de Charly y de Fito.

(Vice, octubre 2017)

¿Es posible una estética interesante sin conflicto generacional?

La adolescencia es el período de la vida donde uno elige vivir la experiencia de la otredad o quedarse en la endogamia. Si los discos de los padres pasan a ser una basura que da vergüenza ajena, se ha elegido bien (vale para cualquier música). Si, en cambio, se va de la mano con el progenitor a ver un recital del ídolo paterno: mala opción. Pésima.

Uno rompe los lazos estéticos con los padres para reencontrárselos luego. Pero es necesario haberlos mandados a cagar alguna vez. Cuando mi generación redescubrió ABBA, ese encuentro tuvo la potencia de quien dejó de escucharlos. Sólo sirve si se llega desde una experiencia propia. Sino, es como aquellos viejos programas de tango de la tele, o Cosquín, donde aparece un nene de 8 años cantando “Yira” o “Lunita tucumana”.

Primera cuestión, entonces, para mi generación (1), el disco de Luca Bocci no representa ninguna ruptura, ningún redescubrimiento. Escribo mi generación y me río: “a mí generación no le importa tu opinión”. Sin embargo, una estética se arma desde la ruptura. Babasónicos cuando editó Pasto declaraban: “Charly García representa lo que nunca quisiéramos ser”. (Página/12, 1993, reeditada en el 2012 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-5823-2012-03-01.html)

Alguien podría decir “¿Pero los Babasónicos de Pasto no son un cosplay de Janes Addiction?”. Puede ser, pero para lo que era el rock nacional de entonces, Jane’s Addiction era un rasgo de exogamia. Bardear un cabeza de serie es un gesto exogámico.

Segunda cuestión, la originalidad ¿A quién no le pasó que el sonido de una banda le parece genial y original en un primer encuentro y con el correr de la noche, la carroza se transforma en calabaza? Stereolab, por ejemplo. Una cosa es entrar directo y otra conociendo The Free Design y Neu! Ahora ya quedan pocos resistentes de la originalidad. No importa lo que se cuenta sino cómo se cuenta. Está bien, Ahora suena a compilado de revista Noticias, pero ¿tiene buenas canciones o no?

Difícil. Las letras podrían ser un buen valor. Gracias a las letras de sus primeros disco, Bochatón logró que sea admirado un bajista que toca fuerte.. Acá, van por el sendero de gente a la que no le pasa nada gran cosa, de generación indoor:

Una vez más qué más da,
si lo hago, lo hago y ya.
No quiero estar pensando
en lo que podría pasar
si te explico,
que es esta la vida, y es así;
no te persigas nena.

(Era de Piscis)

Esto podría hablar de un suicidio o un bloqueo de instagram. El tema es que si una letra no narra (Jorge Serrano)  ni rompe poéticamente (Bochatón), ¿por qué no entregarse a lo instrumental?

Tres canciones después, un manifesto:

Llevo todo el dia fumando
y no sé cómo parar.
Tengo una estrofa en la mano
y un arma en la cabeza.

Y mis canciones ya no son complicadas,
me cansé de huir de mi y esta es la prueba
de que todo lo que haga está bien.

(Ahora)

Las letras del disco hablan de soledad, relaciones paterno-filiales, fumar, fantasias de locura, promesas de “hacer” (pero nunca cuenta qué, seguramente porque “hacer” es hacer la canción nomás). Se usan las palabras “estrellas”, “alma”, “mirada”, “corazón”, “perla”,”mar”. Un bazar atendido por Amado Nervo.

Tercera cuestión: la juventud como valor. Los lectores más jóvenes habrán notado que quien escribe esto es un viejo cuarentón (la queja como motor, la chicana como argumento, la reivindicación de los primeros discos de la generación de los 90, etc) ¿Qué hacía yo a los 22 años? Estaba mirando el techo de algún cuarto. Y estaba en la facultad mirando órganos con cáncer en las mesas de preparados de Patología. Lo más cerca del black metal que estuve en mi vida. Había dejado de escuchar a Fito Paez y Charly García. A Fito lo abandoné en Tercer Mundo, cinco años antes de mis 22. No es un gesto para enorgullecerse, de hecho estaba totalmente olvidado: es la primera vez que saco estas cuentas. Perder el tiempo mirando el techo o cursando Pato no hace a la diferencia. Pero s, indirectamente. Si la vejez es regurgitación (ir a ver emocionados a los artistas cada vez más viejos tocando las mismas cosas), la juventud es craving de conocimiento. Ansia de experiencias. La juventud no responde a la distancia entre el meconio y el punto temporal actual. Se es joven no cronológico  si uno está movido por la expansión, por el optimismo de enfrentar lo complejo. Las puertas de la vejez no cronológica, en cambio, dicen “Quejarse cómodo, libera”. Y es un tremendo desafío en el aburrimiento actual encontrar la manera de escaparse de ahí.

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(1) Entiéndase el “mi generación” usado acá como una versión libre de seres que comparten más o menos una lógica estética y un recorrido de experiencia banal, no necesariamente fijados a un tiempo y espacio específico.

Un buen fin de semana

Hay veces en que todos los años dedicados a armar una profesión con libertad de agenda (pero con lucro cesante) deben ser cambiados por algo contundente para construir la experiencia, el último capital romántico que nos queda.

La tentación. Hace unos meses que Fede y Javier, amigos uruguayos pre facebook, vienen instalando una campaña de contagio de su entusiasmo por Julen y La Gente Sola, una banda joven uruguaya. Escuché el disco pero ocurrió algo terrible. La voz me hizo a cordar a Prietto. Y Prietto no me gusta. Nada personal, el efecto “Manos de Topo”. Le di algunas chances (eso hoy equivale a bajar el disco y no picarlo en streaming). Me gustaban algunas letras pero la media roja de la voz priettense llevaba todo a un rosa complicado. “El 4 de octubre tocamos con ellos en un lugar muy lindo. Tenés que venir”.

La gente sola. Hago por primera vez la gran sea cat y me sale bien. Mucho viento, la lancha no sale, viajé en el Silvia Ana. En el pre embarque una señora se saca una foto al lado del ploteo gigante de Paris. El metaturismo: ¿qué necesidad de gastar tanta plata y soportar a los franceses si en la foto del perfil de fb va a quedar igual?

Uruguay uheimlich. Llegamos con hambre (fui en familia, como corresponde a un indie en sus cuarentas). Vamos a comprar un pollo al spiedo. Hace años que no como un pollo al spiedo. La pollería tiene un vidrio para que el calor del spiedo no pase al sector de venta de pollos crudos. Al fondo, una puerta gigante con un termometro que marca una temperatura bajo cero, da paso a la cámara frigorífica. En medio de patas, muslos y menudos, hay formada una fila de cajitas amarillas y azules, con un gallo dibujado en la tapa. Son alfajores artesanales elaborados por AVICOLA POLLO Y PICO. Alfajores de chocolate y dulce de leche. Muy ricos. Lo mas normal del mundo.

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Art Deco. El lugar del recital es el teatro de un colegio. Tiene una arquitectura Art Deco con toques de bloque soviético. Hermoso. Dentro, cortinas rojas pesadas. Hacemos un chiste sobre Lynch porque somos muy graciosos y livianos.

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Prejuicios 1. Primero toca La Foca. Fede me había advertido que el Fede de Julen iba a subir a cantar algunos temas. Efectivamente, sube con buzo capucha y New Balance. Cuánto dato. Qué dificil. Sin embargo, la versión de Nosotros los que no sale muy linda, potenciada por la voz que en vivo no parecía tan priettense. Los saltitos me recuerdan a Shaun Ryder.

Julen. los chicos lo pronuncian con la jota. Los viejos le decimos con un sonido de y griega. No me doy cuenta por qué hasta que Javier rescata la hipótesis de que nosotros sólo conocemos a Julen Guerrero. Y le decíamos Yulen Guerrero. Tenía un aire  a Camilo Sesto.

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Platillos. La Foca toca muchos temas nuevos. Me gusta mucho uno medio new order. Hacen el hit Amaneciendo. Y quedo con ganas de otros grandes temas ya escuchados, digeridos y listos para ser evocados. Pero quiero detenerme en resaltar la idea de que los platillos es un mal al nivel de la viruela. El equivalente a un ladrido de caniche toy interrumpiendo un momento de lectura. Bateristas: toque sin platillos. Llévenlos para la foto si quieren, como al doble bombo, pero no les peguen. Si son adictos, vayan dejando el vicio tocándolos con escobillas. O con la mano (el baterista de Julen hizo esto en un momento, quizás ya empezó la rehab).

Prejuicios 2. Julen y La Gente Sola [gusta mucho en el uruguay y es un pecado mundial de la juventud musical poner nombres con ese formato de X(singular) y Z (plural)] me enganchan con una canción que cuenta una historia. La cuentan en la letra y en su despliegue estructural. Larry García, una canción sobre la mente de un obsesivo. A partir de ahí me olvidé del prejuicio priettense. El contagio estaba hecho. Julen mezclan a Carmen Sandiego con Viva Elastico. Y sale algo sin las sobras estridentes de los primeros ni el ancla popnacional de los segundos.

Remeras. El Fede de Julen sale con una remera de Crimson. Ahora que lo escribo me doy cuenta que estos chicos tuvieron que atravesar mas o menos mil rasgos de mala predisposición. Es una remera de Discipline, el disco donde Adrian Belew hace su gracia de doblar la guitarra para que suene como un elefante. Qué banda horrible Crimson. Son un Barrio Cerrado. “Siempre sale a tocar con una remera de los Faunos”, me dicen al otro día cuando comento mi crimsonfobia.

Red social. Cantante y guitarrista de las dos bandas suben invitados a tocar temas en el show del otro. El resultado es mas que las sumas de las partes. Brillan en Nosotros los que no (ya dicho) y La Chica del Mantenimiento (con los dos Fedes haciendo un contrapunto español al que alguien mordaz podría nombrar como Amistades Peligrosas y un amigo como “la gran Alfaro en el disco de Chucho Los Diarios del Petroleo”).

Tremendo, bo. “Leí lo que te pasó en el recital de Nacho Vegas. Tremendo, bo” me dice el bajista de La Foca en el hall antes de entrar. Y me hizo acordar a la frustrada noche de la impuntualidad impune de Ignacio Vegas. Está mal comparar pero acá arrancaron quince minutos despues de la hora anunciada. Y estaba lleno. Y no habia una banda que nadie queria ver antes. Así que parece que se puede hacer. Soy una vieja que se queja, lo admito. Pero ustedes, programadores de fechas que se atrasan por horas, son aun peores que una vieja que se queja. No sé muy bien qué, pero peores. Y miren que hay que ser peor que una vieja que se queja, eh?

Pulsión de diente. Vamos a comer a una parrila que tiene camisetas de futbol en las paredes. La única enmarcada es la Suarez.

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La Flecha de Buenos Aires. La vuelta fue en la lancha de sea cat. Estuve mareado desde que la ví amarrada. Repartieron bolsitas para vomitar antes de arrancar . “No los quiero sugestionar” dijo la señora. Todos estaban en silencio, mientras sonaba Shakira desde un CDR tirado en un DVD. No se movió mucho pero andá a decirle al sistema vestibular. Algunos vomitaron. Un grupo de viejas teñidas, una con calzas de fotos de divas de Hollywood, no pararon de cacarear todo el viaje. Inmunes a las nauseas, se prendieron al Free Shop, su mejor dramamine. Cuando las luces de Buenos Aires se hicieron grandes, entendí a Gardel.

Huracán. Fracasado el intento del colectivo, subimos a un taxi. El taxista que escucha el partido de River. “Va ganando Independiente 2 a 0”. ¿Sabés cómo salió el globo? “Perdió”. Y bueno. Todo no se puede.

El tiempo está de mi lado

Compré la entrada del recital de Nacho Vegas un mes antes del evento. Por esa acción premeditada obtuve el premio de ahorrar el 20% del valor con que se vendía en la puerta y, por otro lado, supongo que contribuí a la tranquilidad de los organizadores, que pudieron contar con mi humilde aporte a llenar la columna de ganancias. El ticket decía que el evento sería un martes a las 20 hs. No decía nada más.

El día del recital, me levanté a las 6 am y lo primero que vi fueron unas fotos en un grupo de wapp de Nacho Vegas cantando en Montevideo la noche que acababa de pasar. Baño y mates mediante, a las 7 am estaba en el subte y a las 8 trabajando. Después de atender a todos los pacientes a horario, fui a una reunión académica y luego a un hospital a coordinar una actividad. Llegué un rato antes y me retiré un rato después de lo acordado porque el tema que se discutió fue interesante. De ahí fui a buscar a mi hijo al jardín, que salió justo a la hora en que sale todos los días. Una vez en casa, mientras Diego rescataba animales de la selva, me enteré que habría dos teloneros. Una banda que no conocía (y que no tenía ninguna urgencia de conocer ) y Paoletti, a quien le dedique ya largas horas de admiración en mi juventud y que no me convocaba verlo hoy. Saqué cuentas. A las 19:30 abren la puerta. A las 20 tocan los primeros. A las 20:30 toca Paoletti. Nacho estará arrancando cuanto mucho a las 21:30. Terminará a las 23. Eso me daba unas 4 o 5 horas de descanso para enfrentar el trabajo del miércoles, y que arrastraría, en cuotas, el jueves y viernes.

Para confirmar busqué la pagina del evento en facebook. Había dos personas preguntando a qué hora empezaba el show de Nacho. Nadie había respondido. Asumí que mi cuentas no podían estar tan mal. Era martes. Era Niceto.

Llegué a las 20 y la puerta estaba cerrada. Un breve retraso estaba en los cálculos (seguía procesando el recargo de los teloneros que nadie pidió y que se ocultaban en la información al comprar la entrada). Fuí a Bangalore. Tomé unas gambrinus pale ale, comí algo y le mandé un mensaje a un amigo que iba a musicalizar el evento (dato que también me enteré esa misma tarde). Mi amigo contestó que en cuanto salga la primera banda me avisaba. La pinta bajó. Vino otra. Bajó. El lugar se llenó de teenageds. A las 21:15 volví a la puerta. Estaba abierta y se escuchaba música. Un mensaje del contacto del otro lado me dijo que hacía cinco segundos había empezado la primera banda. Unos chicos pasan rápido y le dicen al de la entrada “Ya empezó?”. El tipo del taburete contesta “No, como mínimo a las once”. Mi brazo, que ya extendía la entrada, se replegó. Recalculé tiempos. Pensé que ya había visto a Nacho en la época de fervor (aquel concierto genial en la sala del centro asturiano cuando el guitarrista se quebró al hacer el cover de Felpeyu). Pensé en si podría aguantar dos horas rehén de los teloneros y el lugar horrible. Pensé que después de todas esas horas de actividades diurnas, no estaría en un estado, no digo óptimo, pero ni siquiera posible, para disfrutar de las canciones. Pensé que en algún momento, que iba a ser al cuarto o quinto tema, sacaría el celular para ver la hora. Salí del corralito, me puse al lado de la boletería y le vendí la entrada barata a un pibe que se fue contento a tomar una cerveza para hacer tiempo.

Puede parecer la queja de alguien que ya no está para ir a recitales de “rock”. Abuelo, el rock es así, salvaje. Pero no. Un amigo me contó que una vez que vio a Robyn Hitchcock en Europa, tocó los bises sin bajarse del escenario “así todos llegamos a tomarnos el subte”.

Podrán decir que la noche da el contexto ideal para escuchar las canciones de Nacho Vegas. Ese argumento se cae inmediatamente con el lugar elegido para el show. No voy a extender la larga lista de incomodidades de Niceto, ya las sabemos todos. Se puede especular con que “la gente es así, les decis a las ocho y caen a las once”. Bueno, no. Porque no hace mucho que Chinarro tocó a las siete de la tarde y todos fueron a esa hora porque sabían que sino se lo perdían. Finalmente, escucho la voz que viene del fondo del salón de las lloronas del rock que gimen que el tiempo es nuestro, que sólo los burgueses se preocupan por el horario; que es bajo la luna que se expresan los sentimientos de los artistas torturados. A ellas, pobrecitas, les digo que uno de los mejores momentos artísticos que dio la cultura de Buenos Aires fue cuando en un Festival Buen Día, Travesti tocó Juventud Residual a las tres de la tarde bajo un sol voraz que hizo que todos estuvieran lejos del escenario, bajo los árboles, mientras un chico de cuatro o cinco años bailaba solo a los pies de Floxon.

El clasicismo de Antonio Luque

Lo que sigue es el texto original de un profile sobre Antonio Luque que escribí para la Inrockuptibles y que en la edición impresa quedó como unos fideos pasados.

1.

Es 1994 y Kramer, el productor que inventó la nocturnidad de Galaxie 500, hace sus trucos sobre las primeras canciones de Sr Chinarro, que es una banda y no un señor. El señor Chinarro original existió: era el Javier Portales de Gaby, Fofó, Miliki y derivados, quien daba el pie para que los payasos hicieran su gracia. Buenos pies, malas gracias. Una vez procesadas por el trabajo del productor estrella en su comodidad neoyorquina, las canciones salieron como el primer disco llamado como la banda y como el actor de la tele: Sr Chinarro. Es – atención coleccionistas- el primer disco de Acuarela, el sello que armó Jesús Llorente, periodista de la Rock de Lux, para que el proyecto Chinarro existiera. Quizás no fue tan así, pero es un buen mito el del periodista que decide inventar su propio objeto de crítica, pasar por arriba del cerco.

2.

Antonio Luque es Antonio Luque. El núcleo de vida dentro de Sr. Chinarro. Y es quien dibuja puertas clásicas en el laberinto indie por donde pasa lo singular de las canciones de Chinarro. Luque siempre está atento a decir algo en las letras. A veces una imagen risueña (“La escultura aburrió hasta al bueno de Charles Baudelaire, que nació el día de mi madre”, El gato de S.), a veces una ironía (“¿Te sientes punkie con tus plumas Falcon Crest? Te compro los domingos tu periódico en ingles”, Ángela), otras, declamaciones poéticas (“Tú, mi aguja en el pajar, pides incendios, pones ramas en el nido ¡Y estás borracha!”, Peteneras). ¿Qué es lo que hace que una idea vaya a una letra y no muera en su primera noche de existencia? Dirá Luque: “Si han sido parte de mi vida de algún modo todas las ideas tienen su sitio. Lo difícil es averiguar cual. Ahí es donde interviene, con suerte, la inspiración o la voluntad de dar un orden a lo que no lo tiene.

3.

Luque nació en Sevilla pero la dejó. Argumenta: “Sevilla. Su color especial. Hoy tienen allí 46 grados. Por eso me vine a Málaga hace diez años. Necesito el mar cerca. Es incomprensible que tantas personas no lo vean a diario”. Ese origen andaluz lo ha llevado a hacer migas con Los Planetas, la banda granadina creadores del flamenco shoegazing, que cargan con la paradoja de ser la mejor banda indie en cuanto a estética y corazón, pero que siempre han sacado discos para una disquera grande. En el 2005, Los Planetas abren un sello híbrido, El Ejército Rojo, y editan El Fuego Amigo, producido por J de Los Planetas y con Enrique Morente de invitado. Sus efluvios cantaores hacen sobresalir El Rito en un disco que tiende a colgarse del travesaño para aguantar un cero a cero radial.

¿Qué es lo que da unidad a un disco? ¿Es el recorte temporal? ¿Es un sesgo estético? ¿Cómo hace Luque, que construye canciones tan singulares, tan autónomas, para que los discos no sean “Lo mejor de Sr. Chinarro en el último año”? Luque da un indicio. “Si una canción se va en general del tono del disco, en particular por su letra, va fuera, aunque el hecho de ser de la misma época o de grabarse en el mismo estudio le daría su familiaridad con las demás”.

4.

El Mundo Según es el disco que sigue. Por un lado confirma el quiebre de El Fuego Amigo, y por otro, sale a atacar. Es un disco ideal para hacerse fan, aunque no, porque Antonio Luque no es un artista de fan club, se desmarca de las identificaciones necesarias a ese fin. Por momentos evoca juventudes con distancia irónica y de repente, se derrama una abundancia kitsch. El Mundo Según nos deja con el “Garp” en la boca. Un homenaje interruptus a la novela dramática de John Irving. En este sentido, Luque se monta en una tradición del pop español en cuanto a usar referencias culturales como parte natural del estado de ánimo de una canción (Amiel y Warhol en El Eterno Femenino de La Mode, o, ya en otro registro, las precisas citas farmacéuticas de Berlanga -“Yo que para ti sólo fui paracetamol”- Traición). En Del Montón, el hit del disco, Luque canta “Yo miraba el castillo y me creía Franz Kafka” y lejos de banalizar al torturado checo, lo resignifica hacia un lugar más esponjoso, mas aireado: bailable.

Luque publicó un libro con dos relatos largos (Socorrismo, Alpha Decay, 2009) y una novela (Exitus, El Aleph, 2012). “Unos editores leyeron unos escritos que colgué en alguna red social y algún blog y me animaron. Hace falta valor, desde luego”. Sobre su hábitos literarios, dirá: “Prefiero leer antes todos los clásicos. Es una de las grandes diferencias con la música, donde prefiero estar a la última, digamos. Leo Moby Dick ahora. Ya ves qué tarde. ¿Cómo ponerme con alguna novela de moda en la actualidad? No tendría perdón de dios”. No es por contradecirlo, pero es ese clasicismo lo que ordena sus canciones también, lo que las salva de quedar atrapadas en el espejismo de la época.

5.

En el 2013 apareció una noticia muy rara. Dan Bejar, el mejor New Pornographers, el que saca discos brillantes como Destroyer, había grabado un EP con cinco canciones de Sr. Chinarro. Parecía un chiste, un mash up onírico, sin embargo fue realidad. Five Spanish Songs salió por Merge ese año. Cuando se rasca un poco, se sabe que Dan es Daniel y que su madre es una maestra española. Aun así, el impacto en el micromundo de los que gustan de Chinarro y Destroyer fue potente. Bejar eligió canciones de todas las épocas y las reversionó en formatos que a veces funcionan y a veces no. Hay otra curiosidad con este encuentro. Los dos artistas se llevan dos años de diferencia y si uno ve una foto de Bejar en la época de la grabación, el parecido físico con Luque es sorprendente. Si fuera el comienzo de una película de Brian de Palma en los setentas, es para preocuparse.

Luque dice que escuchar sus canciones, cantadas por el canadiense fue “como ver a una ex novia besándose con otro, por la parte peor. Orgullo y alegría por la parte mejor. Extrañas pero buenas sensaciones, en general”.

6.

Veinte años después de aquellos inicios de pureza indie, hoy Sr Chinarro es un proyecto que alcanza velocidades vertiginosas. Ha sacado cuatro discos en cuatro años. Presidente (2011), ¡Menos Samba! (2012), Enhorabuena a los cuatro (2013) y Perspectiva Caballera (2014), que inaugura su sello propio, VEEMM. Cuenta que editará “lo que pueda. No es mi intención crear una gran infraestructura, es obvio, pero la que hay puede facilitar las cosas a artistas que me interesen por alguna razón”.

En este punto hay una pregunta que se impone: ¿Cómo enfrentar el riesgo de que la aventura inicial se transforme en una rutina de componer, grabar, editar, salir de gira, tener que contestar preguntas, etc? En definitiva, ¿qué es lo que motiva a esta altura de la vida/carrera? Y Luque responde: “me gusta hacer canciones. Cuando lo consigo me siento capaz de arreglar un mundo. ¡Y sin meterme en política! Los estudios de grabación me encantan, adoro la sensación que se tiene trabajando en ellos. Viajar es menos bueno para mí, aunque hay gente que se vuelve loca con tal de ir y venir con su maleta no importa a dónde. Responder preguntas es un buen ejercicio por si algún día tengo que ir a un juicio. ¡Espero que no ocurra!”.

7.

Algunas canciones de Sr Chinarro anclan en el cuerpo. Un niño de 3 años puede pedir que vuelva a sonar “Del montón” como parte del descubrimiento del desparpajo motriz. La distorsión de “El destino turístico” sirve como una solución temporaria, cuando los heraldos de la incomunicación amorosa se hacen presentes. “Ni lo sé, ni lo quiero pensar” puede ser un espacio de comodidad al salir de un hospital.

8.

Un concierto de Sr Chinarro en el país era un casillero vacío que finalmente se tildará este mes, con shows en Buenos Aires, Córdoba y Rosario. A la hora de la pregunta narcisista autorreferencial, apareció el fútbol. ¿Qué referencias tenés sobre Argentina, más allá de Carlos Timoteo Griguol dirigiendo al Betis a principio de siglo? Reirá: “Jaja, hace tiempo ya de eso. Voy a un restaurante argentino siempre que puedo. Me encanta la carne, el chimichurri, el mantecado ese… ¡Tengo miedo de volver con kilos de más!”. Que aprenda, Morrissey, se puede ser clásico y hedonista.///

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Una hora de canciones brillantes de Chinarro aquí:

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Fiesta del Chorizo Seco : el orden social a nivel celular.

Ruta 5. Antes de llegar a Nueve de Julio un cartel anuncia la “Fiesta del chorizo seco”. Un camino de tierra invita a recorrer una docena de kilómetros que lleva a Comodoro Py, un pueblo de 634 habitantes.

El camino que parte en dos el mar de soja bonaerense, soporta un tránsito inusual. Mucha gente que viene de Bragado, otros de Alberti o Nueve de julio. En los alambrados, pasacalles de las últimas elecciones primarias con los mismos nombres que en la ciudad. Antes de llegar, un grupo de chimangos meriendan algún animal muerto en medio del verde.

Estacionamos al lado de una estación de servicio de YPF original, linda, con ladrillos a la vista. Después de  tres cuadras de camionetas altas y algunos autos, aparece un boulevard y a dos cuadras la plaza del pueblo, con puestos de venta de muchas cosas. Sobre una esquina se erige el escenario profesionalmente improvisado con un Maestro de Ceremonias vestido de gaucho. Llegamos para cuando está armando su actuación un grupo folklórico “de los pagos de Lomas de Zamora”. “Faa, hasta bandoneón tienen”. Mientras una zamba standard es eyectada por los altavoces, las brasas concentran una cola larguísima de gente en busca de asado o choripan (que el asador nombra chorizo con pan, porque en el campo hay tiempo para no acortar las expresiones).

Mientras el estómago recibe la carne, el folklore dió paso a la cumbia de base grabada y voz de chica arriba. El formato Talento Argentino (que es el de un acto de colegio o la antes llamada privacidad de la habitación y el espejo).

Pero hasta acá no pasaba nada.

El Orden Social

Alguien que vive en una ciudad de millones de habitantes supone encontrar en un pueblo una dinámica singular. Sin embargo, lo que se encuentra es con el estado universal de relación de fuerzas sociales a un nivel puro, sin velo. La fiesta del chorizo seco excede esta crónica: ocupa dos días, tiene en su programa artistas mas renombrados y jornadas de destreza gauchesca.

El punto interesante es el “Desfile criollo e institucional, con presencia de maquinarias”. Un momento en que los actores se ordenan en jerarquías.

1º ) La identidad: El desfile empezó con el visto bueno del intendente y el estandarte de la fiesta, que presentaba una capa gruesa en la parte que nombra el número de fiesta. La repetición hasta que se deshilache.estandarte

2º) La iglesia: un puñado de niños en colores papales, mostrando posters A3 de Francisco. El MC tira un hit: “Medio serio salió el Papa en esa foto, eh? se ve que fué después de los goles de Argentinos Juniors”

iglesia

3º) Bomberos. A falta de desfile policial o militar los bomberos marchan en formación y se paran delante del escenario a saludar como si arriba estuviera Eisenhower.

bomberos

4º) El Mercado de hoy: desfilan tractores con aire acondicionado.

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5º) Exhibición de pedazos del pasado/ exhibición fálica vintage: pasan autos antiguos que son descriptos con todos su detalles incluído el nombrar a propósito el “doble píton” varias veces por el MC.

auto

6º) La educación: pasan niños en tropilla con docente de lentes oscuros.

ninios

7º) Acmé del desfile – Las candidatas a Flor del Pago: como Reina del Chorizo Seco se ve que les sonaba a todo lo que suena, el trono a ser ocupado es el de Flor del Pago.La voz del MC llega entonadísimo a la descripción de la primera postulante que tiene 15 (quince) años. “Medidas: 92-88-93. Un libro: la saga de Crepúsculo. Un lugar: la plaza de acá, de Comodoro” (aplausos). Pasa una docena de chicas. Todas en el capot de autos o camionetas. A veces maneja el padre, otras la madre, otras otra gente. Cada una representa algun retazo social (“representa al Centro de Jubilados”, “representa a los Bomberos Voluntarios”).  Sólo 2 (dos) eran mayores de edad. Al lado un cincuentón con arito en la oreja y 350 de colesterol, pese a estar controlado de cerca por su sargento matriarcal, le dice a otro que está adelante “Vos sos jurado? jeje” al tiempo que la postulante pasa en posición de sirena, saludando como quien revisa si está caliente el agua de una bañadera puesta al revés sobre su cabeza.

pretendientes

Siguen pasando. MC: “De ésta no tengo las medidas, pero yo le calculo 88…92…95! no sé, a ojo, eh? después pueden medirla ustedes, no sé”. Finalmente, viene la reina (flor del pago vigente), quien como privilegió monarcal, en vez de viajar en el capot, viaja en la caja de la camioneta, con su capa roja.

reina

8º) Caballos/dominación del ser inferior: empiezan a pasar agrupaciones gauchescas .El MC tira proclamas (“así sí que se mantiene viva la tradición!”), nombra mucha gente, da consejos (hay que usar siempre el cinturon de seguridad”) y describe el paso de un hombre con vincha y lanza, montado a caballo ” y aquí viene representando a los que estaban antes que nosotros.. los aborígenes! porque indios son los de la india”.

gauchos

 

La cosa se va deshaciendo en un fade out de caballos. El MC dice que lamentablemente se tiene que ir  a otro festejo en La Plata. A la noche se elegía a la flor del pago y actuaba alguien que es asiduo de Cosquín.

Nos vamos yendo. En la ruta el sol cae. Un chimango parado en un poste nos mira pasar con sus pensamientos perdidos en un ratón de campo delicioso que se comió el día anterior, ajeno a los vericuetos en los que se organizó la vida de los homínidos.