Luca Bocci – Ahora

Entre el cacareo del gallinero social de fin de año, un cloqueo se abrió paso con la estridencia del microclima. “Luca Bocci”, decían las ponedoras. Lucacacacacará Bochi.

“¿Quién es Luca Bocci y por qué todos en Argentina hablan de él?” dice una nota de Vice México. La bajada describe “una de las voces más brillantes” (sic). El primer párrafo nombra a las “décadas del 80 y 90” y a: “Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta, Andrés Calamaro, Soda Stereo y Gustavo Cerati.”

Pareciera que a la pregunta del título, el artista responde “Soy el lugar común que quieras que sea”. Artista de la coyuntura.

El periodismo cultural en general, y el de poprock en particular, se asemeja al sorteo del mundial. En un bol, los nombres consagrados, los cabeza de serie. En otros, los nuevos exponentes (dentro de esquemas estéticos reconocibles por los escribas). La dinámica de las redes sociales y el flujo de influencias eligen el lugar en el grupo. Que no se malinterprete: no es que circule dinero para hablar de un artista, aunque eso a veces pase, lo que funciona es la imposibilidad de un periodista o sus descendientes, los miembros activos de redes sociales, de “quedar mal”, el miedo, el terror, de no comprender el zeitgeist.

Así, el disco de Luca Bocci que a alguien de mi generación le parece un cosplay de la Mega, a las nuevas generaciones le parecerá, supongo, interesante por encontrarse con alguien joven (todas las notas a Bocci van a decir que tiene 22 años) haciendo la música de sus padres. Una transmisión sin interferencias, de oveja blanca a oveja blanca.

¿Qué música se escuchaba en tu casa?
Se escuchaba mucho rock argentino del viejo, había discos de Charly y de Fito.

(Vice, octubre 2017)

¿Es posible una estética interesante sin conflicto generacional?

La adolescencia es el período de la vida donde uno elige vivir la experiencia de la otredad o quedarse en la endogamia. Si los discos de los padres pasan a ser una basura que da vergüenza ajena, se ha elegido bien (vale para cualquier música). Si, en cambio, se va de la mano con el progenitor a ver un recital del ídolo paterno: mala opción. Pésima.

Uno rompe los lazos estéticos con los padres para reencontrárselos luego. Pero es necesario haberlos mandados a cagar alguna vez. Cuando mi generación redescubrió ABBA, ese encuentro tuvo la potencia de quien dejó de escucharlos. Sólo sirve si se llega desde una experiencia propia. Sino, es como aquellos viejos programas de tango de la tele, o Cosquín, donde aparece un nene de 8 años cantando “Yira” o “Lunita tucumana”.

Primera cuestión, entonces, para mi generación (1), el disco de Luca Bocci no representa ninguna ruptura, ningún redescubrimiento. Escribo mi generación y me río: “a mí generación no le importa tu opinión”. Sin embargo, una estética se arma desde la ruptura. Babasónicos cuando editó Pasto declaraban: “Charly García representa lo que nunca quisiéramos ser”. (Página/12, 1993, reeditada en el 2012 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-5823-2012-03-01.html)

Alguien podría decir “¿Pero los Babasónicos de Pasto no son un cosplay de Janes Addiction?”. Puede ser, pero para lo que era el rock nacional de entonces, Jane’s Addiction era un rasgo de exogamia. Bardear un cabeza de serie es un gesto exogámico.

Segunda cuestión, la originalidad ¿A quién no le pasó que el sonido de una banda le parece genial y original en un primer encuentro y con el correr de la noche, la carroza se transforma en calabaza? Stereolab, por ejemplo. Una cosa es entrar directo y otra conociendo The Free Design y Neu! Ahora ya quedan pocos resistentes de la originalidad. No importa lo que se cuenta sino cómo se cuenta. Está bien, Ahora suena a compilado de revista Noticias, pero ¿tiene buenas canciones o no?

Difícil. Las letras podrían ser un buen valor. Gracias a las letras de sus primeros disco, Bochatón logró que sea admirado un bajista que toca fuerte.. Acá, van por el sendero de gente a la que no le pasa nada gran cosa, de generación indoor:

Una vez más qué más da,
si lo hago, lo hago y ya.
No quiero estar pensando
en lo que podría pasar
si te explico,
que es esta la vida, y es así;
no te persigas nena.

(Era de Piscis)

Esto podría hablar de un suicidio o un bloqueo de instagram. El tema es que si una letra no narra (Jorge Serrano)  ni rompe poéticamente (Bochatón), ¿por qué no entregarse a lo instrumental?

Tres canciones después, un manifesto:

Llevo todo el dia fumando
y no sé cómo parar.
Tengo una estrofa en la mano
y un arma en la cabeza.

Y mis canciones ya no son complicadas,
me cansé de huir de mi y esta es la prueba
de que todo lo que haga está bien.

(Ahora)

Las letras del disco hablan de soledad, relaciones paterno-filiales, fumar, fantasias de locura, promesas de “hacer” (pero nunca cuenta qué, seguramente porque “hacer” es hacer la canción nomás). Se usan las palabras “estrellas”, “alma”, “mirada”, “corazón”, “perla”,”mar”. Un bazar atendido por Amado Nervo.

Tercera cuestión: la juventud como valor. Los lectores más jóvenes habrán notado que quien escribe esto es un viejo cuarentón (la queja como motor, la chicana como argumento, la reivindicación de los primeros discos de la generación de los 90, etc) ¿Qué hacía yo a los 22 años? Estaba mirando el techo de algún cuarto. Y estaba en la facultad mirando órganos con cáncer en las mesas de preparados de Patología. Lo más cerca del black metal que estuve en mi vida. Había dejado de escuchar a Fito Paez y Charly García. A Fito lo abandoné en Tercer Mundo, cinco años antes de mis 22. No es un gesto para enorgullecerse, de hecho estaba totalmente olvidado: es la primera vez que saco estas cuentas. Perder el tiempo mirando el techo o cursando Pato no hace a la diferencia. Pero s, indirectamente. Si la vejez es regurgitación (ir a ver emocionados a los artistas cada vez más viejos tocando las mismas cosas), la juventud es craving de conocimiento. Ansia de experiencias. La juventud no responde a la distancia entre el meconio y el punto temporal actual. Se es joven no cronológico  si uno está movido por la expansión, por el optimismo de enfrentar lo complejo. Las puertas de la vejez no cronológica, en cambio, dicen “Quejarse cómodo, libera”. Y es un tremendo desafío en el aburrimiento actual encontrar la manera de escaparse de ahí.

———————
(1) Entiéndase el “mi generación” usado acá como una versión libre de seres que comparten más o menos una lógica estética y un recorrido de experiencia banal, no necesariamente fijados a un tiempo y espacio específico.

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