¿Obras o chorizos?

Hipótesis

Hablando con dos amigos, que además son músicos y productores, uno de ellos planteaba que la industria de la música era necesaria para que existan los artistas de culto. Si no existieran los artistas que venden millones de discos y provocan terabytes de “contenidos” diarios, no se podría tener en cuenta el hacer música como un hecho artístico. Si la industria del entretenimiento adoptara la colocación de membranas como un arte, alguien que coloca membranas magistralmente, sería reconocido como un artista, pero como no existe, la colocación de membranas pasa sin pena ni gloria. Entonces, decía, el tipo que hace una basura pero sostiene la industria, es vital para que ese artista escondido, más comprometido con una acto artístico que con un producto, tenga la chance de ser descubierto o escuchado en algún momento. La industria le marcaría las coordenadas para que su acto se defina por dentro (chorizo) o por fuera (obra).

 

Una puesta a prueba

En 1966 Seymour Stein y Richard Gottehrer invirtieron 10 mil dólares para armar Sire Records.

Stein trabajaba en Billboard. Gottehrer era músico.

Sire es el sello donde grabaron casi todos los del CBGBs (Gottehrer produjo varios de esos discos), y un amplio abanico de artistas que va de los Deviants a Madonna.

Después la venden a Warner, etcétera.

¿Hay un hilo que une al artista que hizo “Death of a dream machine” https://www.youtube.com/watch?v=TEWqNYBBM_0 con la que interpreta “Into the groove”?

Sí. El dinero salió del mismo lugar y, sobre todo, fue al mismo lugar. Industria. Colocar membranas.

Pero además, Clive Muldoon, que era parte de los viejos Deviants, es el autor de “Ray of Light” (que en su momento bautizó “Saphire”).

Producto y obra unidos por un hilo verde.

Hay muchísimos ejemplos de este efecto derrame.

Cobain, de afligido en su habitación a la fama, tapa de RS con remera de Daniel Johnston, documental de Daniel, reedición de sus discos, Daniel Johnston toca en Buenos Aires. Sin la tapa de la Rolling Stone, no hay Daniel Johnston en Buenos Aires.

 

¿Obra o chorizo?

Es una discusión que estaba muerta después de Warhol pero ahora resucitó como zombie. ¿Qué define a una obra? ¿Es la técnica con que se hace? ¿Es el momento en que sale? ¿Es el momento en que se compone? ¿Es la ropa que usa el músico?¿Es un valor bajo en el índice edad del artista / convocatoria?

Bourdieu plantea dos lógicas en los modos de producción y circulación del arte.  Una lógica “anti económica”, que rechaza lo “comercial” y el beneficio económico a corto plazo “Esta producción  no puede reconocer más demanda que la que es capaz de producir ella misma”, el beneficio económico, en todo caso, está pensado a largo plazo, cuando luego de una acumulación de capital simbólico como capital económico negado, hace crecer las arcas de la legitimidad y termina constituyendo un crédito, una garantía. Obra.

 

La otra lógica es opuesta. Otorga la prioridad a la difusión, al éxito inmediato y temporal. Se ajustan a la demanda preexistente de la clientela y dentro de formas preestablecidas. Chorizos.

Si pensamos el pop/rock actual, estamos en un momento en que el paso del tiempo hizo que ese capital acumulado en la primera lógica por algunos pioneros artísticamente más puros, creció en el mercado comercial actual. Velvet Underground es un ejemplo paradigmático de eso. Ni hablar del punk o la macedonia del reggae.

El tiempo, en definitiva, lleva todo al chorizo. No es bueno ni malo: ocurre.

Ahora, el tema es si dentro del  ordenado catálogo de símbolos del pop/rock hay lugar para artistas de la primera lógica cuando esos signos de ruptura e independencia se volvieron “demanda preexistente”. Y eso ocurrió hace mucho, mucho tiempo. El extraño del pelo largo sólo pareció extraño un par de meses. Después eran los mismos pelilargos chorizos quien cantaban lo de “extraño” intentando quedarse un rato más del otro lado de la frontera artística. Lo cantaban en un película para las viejas. El tipo común de pelo largo.

Obra o chorizo. Experimento:

1) Escúchese al artista de la tapa de The Wire (https://www.thewire.co.uk/issues/y=2017) , inrockuptibles (https://losinrocks.com/) , Rolling Stone ARG (http://www.rollingstone.com.ar/2099055-rolling-stone-238) , cualquier disco con buen puntaje de Pitchfork (https://pitchfork.com/best/) o el CD de la RockDelux (http://www.rockdelux.com/archivo/p/rdl368-Enero-2018.html).

2) ¿Tuvo algún instante de excitación, perplejidad o éxtasis? (si la respuesta en “no”, pase a la pregunta 4)

3) ¿Qué elemento produjo esa sensación? (pase a la pregunta 5)

4) ¿Se emboló? (si la respuesta es “sí” abandone el experimento por algo mejor)

5) ¿Es un elemento nuevo o uno viejo puesto en otro contexto?

6) ¿Puede ubicar otro momento artístico que le haya generado la misma sensación? ¿En qué etapa de su propia vida?

 

Guns ‘n’ Rosebud

Hay chorizos con conciencia de clase que viven su momento y disfrutan de ser un embutido en un mundo de embutidos. No resisten ningún análisis, excepto el bromatológico.

Hay otros que son chorizos mas cuidados, hechos de materiales buenos, atados con maestría, ricos al plato. Son chorizos en cuanto a la serie y la poca variación entre uno y otro. Se ofrecen a la demanda existente más que nunca (“lo nuevo de…”, “el último de…”) y su juegos con la diferenciación de lo anterior son superficiales (pensemos en “La síntesis O’Konor”: se habla de la espada de la tapa, del lugar donde se grabó, pero sin esa información “diferencial”, es otro disco de El Mató y listo, con todo lo bueno y lo malo de eso).

 

Pausa.

Pero,  ¿qué “obra” nació como obra y no como “chorizo cuidado”?

Si uno piensa en las grandes “obras” del poprock, no son más que chorizos de su época elevados a esa categoría por el paso del tiempo y el anclaje emocional biográfico de los escuchas. La obra y el chorizo  van jugando una dialéctica de legitimación/hastío a lo largo del tiempo.

Petsounds: chorizo (1966), obra (1968), chorizo (80s), obra (90s), chorizobra (hasta la fecha)

Zooropa (¿se acuerdan?): Obra cuando salió, chorizo bombón ahora.

 

Play.

Parte del mecanismo que transforma un chorizo en obra tiene que ver con el tiempo y el contexto. El chorizo tiene que ser olvidado, humillado, prohibido, para poder aspirar a ser obra. El camino del héroe del embutido. Y tiene que haber prendido emocionalmente en algún momento biográfico disruptivo (adolescencia, infancia, o cualquier otra pérdida). La pérdida, en definitiva es el espacio que necesita el chorizo para desarrollarse obra.

Los Beatles, por ejemplo. Más de allá del aburrido acuerdo colectivo, sobrevivieron como obra por la pérdida de la carrera justo a tiempo, antes de los 70s. Fueron chorizos al comienzo pero se elevaron a obra cuando dejaron de tocar en público y “perdieron” el guión de las bandas similares.

Stop.

Pasatiempo para el verano: ordenar en columnas obras/chorizos las discografías de Bowie, Guided by Voices, Sunn o)) y Diego Torres.

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