La espina en su costado

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Hay traducciones de canciones que se familiarizan de tanto repetirlas pero suenan horribles. El chico con la espina en su costado, por ejemplo. Es una frase sin sentido, salvo que tenga alguna connotación religiosa que se me escape (todas las connotaciones religiosas se me escapan).

Es una lástima porque es una linda canción, que si se llamara El chico solamente, todos diríamos “mi canción preferida es El Chico”. O Espina:  “mi favorita de esa época es Espina

Quizás el truco del entendimiento sea la letra, pero está en inglés y el inglés no es mi lengua materna (ni paterna). Puedo hacer el esfuerzo de entender alguna sutileza del inglés si estoy estudiando algo de mi profesión (geólogo) pero ¿tanta cosa por captar la referencia de una canción pop? Gracias, la tarareo y listo.

“Es sobre la persecución a San Pablo” me dijo una chica una vez. “Ah, ni idea de la simbología católica, ja”, le dije. Es común que hable de canciones con alguien que me interesa. Cuando tengo la oportunidad llevo la conversación a esta polémica, porque me parece simpática y porque surgen datos ocultos. Esa vez, por ejemplo, me permitió saber que esa chica, que estaba haciendo una tesis de maestría sobre rascar el fondo de la olla de la escuela de Frankfurt (“La dialéctica del Iluminismo en la era de la escritura del yo”), tenía una formación católica que había mutado de la misa a la academia y -ahora se me revelaba- a captar la cosmogonía católica en las letras de las canciones.

“Es una mala traducción, the thorn in his side, sería como una piedra en el zapato, algo que molesta”, dijo una amiga de esa chica cuando recreamos la charla en una fiesta. La amiga tenía una remera con un desgarro  involuntario,como si se la hubiese enganchado en algún lado, justo donde siempre me imaginé que estaba la espina en el chico de la canción.

“El chico con la piedra en su zapato es peor que con la espina en el costado”, dije con un poco de mal humor porque supuse que ella estaba agresiva  por celos de su amiga y porque me vio mirarle el agujero de su remera.

El otro grave problema que tiene esa canción es la forma en que se debe pronunciar bien thorn. Ese sonido de zeta con mucho clonazepam se me hace muy difícil porque cargo con un seseo de base, entonces al querer decir zorn, me pasan dos cosas horribles: me acuerdo de John Zorn,  lo que es una triste evocación de esa vanguardia magra y , peor, la pronunciación nunca es acertada, se hace “s” o se hace “z” pero nunca “th”.

La solución (pobre) a esa disyuntiva es exagerar rusticidad. Cantar a viva voz de cancha, moviendo las manos hacia arriba como si fueran algas: “DEBOY WIDESERN INJÍS AID…”. Me doy vergüenza ajena cuando hago eso.

La solución del tarareo, mencionada antes medio en chiste, se cae porque la melodía pide letra. Hay melodías que no piden letra y quedan perfectas tarareadas. Telstar, por ejemplo. La versión con letra de Telstar es malísima. Un centro de mesa que nadie pidió.

Pero The boy with the thorn in his side es la letra. Es esa imposibilidad de cantarla y que salga todo. El error de la “z”, la ectopia del sentido, el tono siempre desarmónico de la afectación hace que cuando uno se mete en la ducha a cantarla, siempre quede algo mal dicho, pegoteado en las paredes internas de nuestro cuerpo.

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