CINCO CANCIONES POLÍTICAS DE LA INFANCIA MELANCOLIZADA POR UNA CRIANZA DE PADRES PROGRES, HOY RESIGNIFICADAS.

1) Lilia Vera – Montilla

Una canción popular venezolana de homenaje a José Rafael Montilla, un revolucionario de la Gran Colombia muerto en 1907 por un machetazo traicionero. Death Joropo. Lo que tiene de bueno la versión de Lilia Vera es su intensidad de acción lejos de la depresión, mas bien en plan hipomaníaco. La percusión suena como un galope herido, o mejor: como un corazón bradicárdico, como el bombo de Heroine (Velvet Undergound).

El brillo: Ahí viene Montilla a dar la pelea / y viene diciendo, morena: la bala chirrea. /Él armó su gente con la artillería / y prendió los fuegos, morena, al Ave María.

La resignificación: la canción habla de la muerte del héroe, que es la forma de perdurar que transitan los que no ganan. Al final, a la historia la escriben los que pierden pero mueren. Ahí está el sacrifio que pide la memoria. Estallar y no desvancerse lentamente. Mas gore, más prestigio. En cambio, los que ganan, a la historia la borran, le clavan el visto.

2) Alfredo Zitarrosa – Crece desde el pie

En el stereo del falcon que recorría la ruta 9 casi todos los fines de semana, la elección de Zitarrosa era un alivio para el infante que viajaba tirado atrás sin cinturón de seguridad. “Al fin una canción optimista!”. Una rareza  en el corpus depresivo uruguayo (hoy día, la canción de los Olimareños más escuchada en Spotify es “Ta llorando”, un cosplay de marcha fúnebre).

El brillo: Crece desde el pueblo el futuro / crece desde el pie / ánima del rumbo seguro /crece desde el pie.

La resignificación: las revoluciones aparecen como una revelación al final, luego de nombrar a la musica, el dia, la pared, la aurora, la fogata, y toda una serie de eventos naturales. Crece desde el pie, es una canción que plantea que los cambios se arman de forma emergente e incorpora la música y el amor como parte del combustible revolucionario (emoji de corazón estallando en mil revoluciones).

3) Jorge Marziali – Cebollita y Huevo

“Aguánteme hasta el verano, dijo un viejito cuyano, y en agosto se murió”. Un ruego interrumpido por la muerte en la primera frase. Cebollita y huevo es una canción de la primavera alfonsinista, una canción de madrugada de velatorio. Un intento imaginario de armar una historia. Tiene una parte Animal Farm (“La gente andaba en lo suyo, / la liebre comiendo yuyos / y la abeja en el panal / cuando llegaron los chanchos / y armaron un zafarrancho”) y una proclama directa: “que paguen los que han matado y los humillados que no paguen más”.

El brillo: Nosotros estamos vivos / después de haber compartido /el olvido y la traición.

La resignificación: Un hilo dorado lo une a Nanas de la cebolla de Miguel Hernández. La comida como el último refugio del perseguido.

4) Los Trovadores – El árbol ya fue plantado

Alguién le dice a alguien que le pregunte al Virrey si pueden plantar un árbol “para mirarlo crecer”. Un propósito humilde. Adivinen qué pasa. “El virrey no da permiso para plantar el laurel”. Ahí, aparece una percusión militar y arranca un folk pop barroco. En esta canción, Los Trovadores son los Beach Boys de Surf’s Up. Se arma una comedia de enredos: mientras el virrey le pregunta al rey, y el rey le pregunta a la reina, el laurel crece y tiene pájaros. Y entonces, lo sospechado:  “Que se tire abajo el árbol si crece a espaldas del Rey!”. El narrador termina cantando con una “guitarra de laurel”. Porque en ultima instancia, lo que importa es que se cante la canción de protesta, no que se arregle la situación social.

La resignificación: es curiosa la pasividad con que se acepta una orden tan lejana en la cadena de mando y cómo rápidamente se obtiene una nueva función del laurel (guitarra). Una canción sobre el beneficio secundario.

5) Atahualpa – Duerme, negrito

El Mississippi John Hurt de Pergamino. Atahualpa Yupanqui era bueno en serio. Sus letras son una obra literaria. La música a veces dejaba las huellas y, como en esta canción, se desplegaba en un folk que pone en sintonía los campos de algodón y la zafra azucarera.

Una lullaby del diablo (a diferencia de Robert Johnson, pareciera que fue Atahualpa quien le impuso condiciones al Maligno). Una canción que habla de una amorosa extorsión “Te va a traer codornices para ti, te va a traer carne de cerdo para tí, y si negro no se duerme, viene el diablo blanco y ¡zas! le come la patita chicapumba, chicapumba”. A la madre del negrito no le pagan, va de luto, va tosiendo. Viuda, precarizada y con tuberculosis. Sin embargo, lejos de una empatía cínica, el narrador termina diciéndole al negrito que se duerma de una vez.

La opacidad: en los 80’s, Jairo hizo una versión en Francia con Sapho, una cantante marroquí/francesa. Le quiso poner pop y le salió una porquería de world music que hoy podría pasarse en Aspen.

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