¿Obras o chorizos?

Hipótesis

Hablando con dos amigos, que además son músicos y productores, uno de ellos planteaba que la industria de la música era necesaria para que existan los artistas de culto. Si no existieran los artistas que venden millones de discos y provocan terabytes de “contenidos” diarios, no se podría tener en cuenta el hacer música como un hecho artístico. Si la industria del entretenimiento adoptara la colocación de membranas como un arte, alguien que coloca membranas magistralmente, sería reconocido como un artista, pero como no existe, la colocación de membranas pasa sin pena ni gloria. Entonces, decía, el tipo que hace una basura pero sostiene la industria, es vital para que ese artista escondido, más comprometido con una acto artístico que con un producto, tenga la chance de ser descubierto o escuchado en algún momento. La industria le marcaría las coordenadas para que su acto se defina por dentro (chorizo) o por fuera (obra).

 

Una puesta a prueba

En 1966 Seymour Stein y Richard Gottehrer invirtieron 10 mil dólares para armar Sire Records.

Stein trabajaba en Billboard. Gottehrer era músico.

Sire es el sello donde grabaron casi todos los del CBGBs (Gottehrer produjo varios de esos discos), y un amplio abanico de artistas que va de los Deviants a Madonna.

Después la venden a Warner, etcétera.

¿Hay un hilo que une al artista que hizo “Death of a dream machine” https://www.youtube.com/watch?v=TEWqNYBBM_0 con la que interpreta “Into the groove”?

Sí. El dinero salió del mismo lugar y, sobre todo, fue al mismo lugar. Industria. Colocar membranas.

Pero además, Clive Muldoon, que era parte de los viejos Deviants, es el autor de “Ray of Light” (que en su momento bautizó “Saphire”).

Producto y obra unidos por un hilo verde.

Hay muchísimos ejemplos de este efecto derrame.

Cobain, de afligido en su habitación a la fama, tapa de RS con remera de Daniel Johnston, documental de Daniel, reedición de sus discos, Daniel Johnston toca en Buenos Aires. Sin la tapa de la Rolling Stone, no hay Daniel Johnston en Buenos Aires.

 

¿Obra o chorizo?

Es una discusión que estaba muerta después de Warhol pero ahora resucitó como zombie. ¿Qué define a una obra? ¿Es la técnica con que se hace? ¿Es el momento en que sale? ¿Es el momento en que se compone? ¿Es la ropa que usa el músico?¿Es un valor bajo en el índice edad del artista / convocatoria?

Bourdieu plantea dos lógicas en los modos de producción y circulación del arte.  Una lógica “anti económica”, que rechaza lo “comercial” y el beneficio económico a corto plazo “Esta producción  no puede reconocer más demanda que la que es capaz de producir ella misma”, el beneficio económico, en todo caso, está pensado a largo plazo, cuando luego de una acumulación de capital simbólico como capital económico negado, hace crecer las arcas de la legitimidad y termina constituyendo un crédito, una garantía. Obra.

 

La otra lógica es opuesta. Otorga la prioridad a la difusión, al éxito inmediato y temporal. Se ajustan a la demanda preexistente de la clientela y dentro de formas preestablecidas. Chorizos.

Si pensamos el pop/rock actual, estamos en un momento en que el paso del tiempo hizo que ese capital acumulado en la primera lógica por algunos pioneros artísticamente más puros, creció en el mercado comercial actual. Velvet Underground es un ejemplo paradigmático de eso. Ni hablar del punk o la macedonia del reggae.

El tiempo, en definitiva, lleva todo al chorizo. No es bueno ni malo: ocurre.

Ahora, el tema es si dentro del  ordenado catálogo de símbolos del pop/rock hay lugar para artistas de la primera lógica cuando esos signos de ruptura e independencia se volvieron “demanda preexistente”. Y eso ocurrió hace mucho, mucho tiempo. El extraño del pelo largo sólo pareció extraño un par de meses. Después eran los mismos pelilargos chorizos quien cantaban lo de “extraño” intentando quedarse un rato más del otro lado de la frontera artística. Lo cantaban en un película para las viejas. El tipo común de pelo largo.

Obra o chorizo. Experimento:

1) Escúchese al artista de la tapa de The Wire (https://www.thewire.co.uk/issues/y=2017) , inrockuptibles (https://losinrocks.com/) , Rolling Stone ARG (http://www.rollingstone.com.ar/2099055-rolling-stone-238) , cualquier disco con buen puntaje de Pitchfork (https://pitchfork.com/best/) o el CD de la RockDelux (http://www.rockdelux.com/archivo/p/rdl368-Enero-2018.html).

2) ¿Tuvo algún instante de excitación, perplejidad o éxtasis? (si la respuesta en “no”, pase a la pregunta 4)

3) ¿Qué elemento produjo esa sensación? (pase a la pregunta 5)

4) ¿Se emboló? (si la respuesta es “sí” abandone el experimento por algo mejor)

5) ¿Es un elemento nuevo o uno viejo puesto en otro contexto?

6) ¿Puede ubicar otro momento artístico que le haya generado la misma sensación? ¿En qué etapa de su propia vida?

 

Guns ‘n’ Rosebud

Hay chorizos con conciencia de clase que viven su momento y disfrutan de ser un embutido en un mundo de embutidos. No resisten ningún análisis, excepto el bromatológico.

Hay otros que son chorizos mas cuidados, hechos de materiales buenos, atados con maestría, ricos al plato. Son chorizos en cuanto a la serie y la poca variación entre uno y otro. Se ofrecen a la demanda existente más que nunca (“lo nuevo de…”, “el último de…”) y su juegos con la diferenciación de lo anterior son superficiales (pensemos en “La síntesis O’Konor”: se habla de la espada de la tapa, del lugar donde se grabó, pero sin esa información “diferencial”, es otro disco de El Mató y listo, con todo lo bueno y lo malo de eso).

 

Pausa.

Pero,  ¿qué “obra” nació como obra y no como “chorizo cuidado”?

Si uno piensa en las grandes “obras” del poprock, no son más que chorizos de su época elevados a esa categoría por el paso del tiempo y el anclaje emocional biográfico de los escuchas. La obra y el chorizo  van jugando una dialéctica de legitimación/hastío a lo largo del tiempo.

Petsounds: chorizo (1966), obra (1968), chorizo (80s), obra (90s), chorizobra (hasta la fecha)

Zooropa (¿se acuerdan?): Obra cuando salió, chorizo bombón ahora.

 

Play.

Parte del mecanismo que transforma un chorizo en obra tiene que ver con el tiempo y el contexto. El chorizo tiene que ser olvidado, humillado, prohibido, para poder aspirar a ser obra. El camino del héroe del embutido. Y tiene que haber prendido emocionalmente en algún momento biográfico disruptivo (adolescencia, infancia, o cualquier otra pérdida). La pérdida, en definitiva es el espacio que necesita el chorizo para desarrollarse obra.

Los Beatles, por ejemplo. Más de allá del aburrido acuerdo colectivo, sobrevivieron como obra por la pérdida de la carrera justo a tiempo, antes de los 70s. Fueron chorizos al comienzo pero se elevaron a obra cuando dejaron de tocar en público y “perdieron” el guión de las bandas similares.

Stop.

Pasatiempo para el verano: ordenar en columnas obras/chorizos las discografías de Bowie, Guided by Voices, Sunn o)) y Diego Torres.

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Luca Bocci – Ahora

Entre el cacareo del gallinero social de fin de año, un cloqueo se abrió paso con la estridencia del microclima. “Luca Bocci”, decían las ponedoras. Lucacacacacará Bochi.

“¿Quién es Luca Bocci y por qué todos en Argentina hablan de él?” dice una nota de Vice México. La bajada describe “una de las voces más brillantes” (sic). El primer párrafo nombra a las “décadas del 80 y 90” y a: “Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta, Andrés Calamaro, Soda Stereo y Gustavo Cerati.”

Pareciera que a la pregunta del título, el artista responde “Soy el lugar común que quieras que sea”. Artista de la coyuntura.

El periodismo cultural en general, y el de poprock en particular, se asemeja al sorteo del mundial. En un bol, los nombres consagrados, los cabeza de serie. En otros, los nuevos exponentes (dentro de esquemas estéticos reconocibles por los escribas). La dinámica de las redes sociales y el flujo de influencias eligen el lugar en el grupo. Que no se malinterprete: no es que circule dinero para hablar de un artista, aunque eso a veces pase, lo que funciona es la imposibilidad de un periodista o sus descendientes, los miembros activos de redes sociales, de “quedar mal”, el miedo, el terror, de no comprender el zeitgeist.

Así, el disco de Luca Bocci que a alguien de mi generación le parece un cosplay de la Mega, a las nuevas generaciones le parecerá, supongo, interesante por encontrarse con alguien joven (todas las notas a Bocci van a decir que tiene 22 años) haciendo la música de sus padres. Una transmisión sin interferencias, de oveja blanca a oveja blanca.

¿Qué música se escuchaba en tu casa?
Se escuchaba mucho rock argentino del viejo, había discos de Charly y de Fito.

(Vice, octubre 2017)

¿Es posible una estética interesante sin conflicto generacional?

La adolescencia es el período de la vida donde uno elige vivir la experiencia de la otredad o quedarse en la endogamia. Si los discos de los padres pasan a ser una basura que da vergüenza ajena, se ha elegido bien (vale para cualquier música). Si, en cambio, se va de la mano con el progenitor a ver un recital del ídolo paterno: mala opción. Pésima.

Uno rompe los lazos estéticos con los padres para reencontrárselos luego. Pero es necesario haberlos mandados a cagar alguna vez. Cuando mi generación redescubrió ABBA, ese encuentro tuvo la potencia de quien dejó de escucharlos. Sólo sirve si se llega desde una experiencia propia. Sino, es como aquellos viejos programas de tango de la tele, o Cosquín, donde aparece un nene de 8 años cantando “Yira” o “Lunita tucumana”.

Primera cuestión, entonces, para mi generación (1), el disco de Luca Bocci no representa ninguna ruptura, ningún redescubrimiento. Escribo mi generación y me río: “a mí generación no le importa tu opinión”. Sin embargo, una estética se arma desde la ruptura. Babasónicos cuando editó Pasto declaraban: “Charly García representa lo que nunca quisiéramos ser”. (Página/12, 1993, reeditada en el 2012 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-5823-2012-03-01.html)

Alguien podría decir “¿Pero los Babasónicos de Pasto no son un cosplay de Janes Addiction?”. Puede ser, pero para lo que era el rock nacional de entonces, Jane’s Addiction era un rasgo de exogamia. Bardear un cabeza de serie es un gesto exogámico.

Segunda cuestión, la originalidad ¿A quién no le pasó que el sonido de una banda le parece genial y original en un primer encuentro y con el correr de la noche, la carroza se transforma en calabaza? Stereolab, por ejemplo. Una cosa es entrar directo y otra conociendo The Free Design y Neu! Ahora ya quedan pocos resistentes de la originalidad. No importa lo que se cuenta sino cómo se cuenta. Está bien, Ahora suena a compilado de revista Noticias, pero ¿tiene buenas canciones o no?

Difícil. Las letras podrían ser un buen valor. Gracias a las letras de sus primeros disco, Bochatón logró que sea admirado un bajista que toca fuerte.. Acá, van por el sendero de gente a la que no le pasa nada gran cosa, de generación indoor:

Una vez más qué más da,
si lo hago, lo hago y ya.
No quiero estar pensando
en lo que podría pasar
si te explico,
que es esta la vida, y es así;
no te persigas nena.

(Era de Piscis)

Esto podría hablar de un suicidio o un bloqueo de instagram. El tema es que si una letra no narra (Jorge Serrano)  ni rompe poéticamente (Bochatón), ¿por qué no entregarse a lo instrumental?

Tres canciones después, un manifesto:

Llevo todo el dia fumando
y no sé cómo parar.
Tengo una estrofa en la mano
y un arma en la cabeza.

Y mis canciones ya no son complicadas,
me cansé de huir de mi y esta es la prueba
de que todo lo que haga está bien.

(Ahora)

Las letras del disco hablan de soledad, relaciones paterno-filiales, fumar, fantasias de locura, promesas de “hacer” (pero nunca cuenta qué, seguramente porque “hacer” es hacer la canción nomás). Se usan las palabras “estrellas”, “alma”, “mirada”, “corazón”, “perla”,”mar”. Un bazar atendido por Amado Nervo.

Tercera cuestión: la juventud como valor. Los lectores más jóvenes habrán notado que quien escribe esto es un viejo cuarentón (la queja como motor, la chicana como argumento, la reivindicación de los primeros discos de la generación de los 90, etc) ¿Qué hacía yo a los 22 años? Estaba mirando el techo de algún cuarto. Y estaba en la facultad mirando órganos con cáncer en las mesas de preparados de Patología. Lo más cerca del black metal que estuve en mi vida. Había dejado de escuchar a Fito Paez y Charly García. A Fito lo abandoné en Tercer Mundo, cinco años antes de mis 22. No es un gesto para enorgullecerse, de hecho estaba totalmente olvidado: es la primera vez que saco estas cuentas. Perder el tiempo mirando el techo o cursando Pato no hace a la diferencia. Pero s, indirectamente. Si la vejez es regurgitación (ir a ver emocionados a los artistas cada vez más viejos tocando las mismas cosas), la juventud es craving de conocimiento. Ansia de experiencias. La juventud no responde a la distancia entre el meconio y el punto temporal actual. Se es joven no cronológico  si uno está movido por la expansión, por el optimismo de enfrentar lo complejo. Las puertas de la vejez no cronológica, en cambio, dicen “Quejarse cómodo, libera”. Y es un tremendo desafío en el aburrimiento actual encontrar la manera de escaparse de ahí.

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(1) Entiéndase el “mi generación” usado acá como una versión libre de seres que comparten más o menos una lógica estética y un recorrido de experiencia banal, no necesariamente fijados a un tiempo y espacio específico.

Un buen fin de semana

Hay veces en que todos los años dedicados a armar una profesión con libertad de agenda (pero con lucro cesante) deben ser cambiados por algo contundente para construir la experiencia, el último capital romántico que nos queda.

La tentación. Hace unos meses que Fede y Javier, amigos uruguayos pre facebook, vienen instalando una campaña de contagio de su entusiasmo por Julen y La Gente Sola, una banda joven uruguaya. Escuché el disco pero ocurrió algo terrible. La voz me hizo a cordar a Prietto. Y Prietto no me gusta. Nada personal, el efecto “Manos de Topo”. Le di algunas chances (eso hoy equivale a bajar el disco y no picarlo en streaming). Me gustaban algunas letras pero la media roja de la voz priettense llevaba todo a un rosa complicado. “El 4 de octubre tocamos con ellos en un lugar muy lindo. Tenés que venir”.

La gente sola. Hago por primera vez la gran sea cat y me sale bien. Mucho viento, la lancha no sale, viajé en el Silvia Ana. En el pre embarque una señora se saca una foto al lado del ploteo gigante de Paris. El metaturismo: ¿qué necesidad de gastar tanta plata y soportar a los franceses si en la foto del perfil de fb va a quedar igual?

Uruguay uheimlich. Llegamos con hambre (fui en familia, como corresponde a un indie en sus cuarentas). Vamos a comprar un pollo al spiedo. Hace años que no como un pollo al spiedo. La pollería tiene un vidrio para que el calor del spiedo no pase al sector de venta de pollos crudos. Al fondo, una puerta gigante con un termometro que marca una temperatura bajo cero, da paso a la cámara frigorífica. En medio de patas, muslos y menudos, hay formada una fila de cajitas amarillas y azules, con un gallo dibujado en la tapa. Son alfajores artesanales elaborados por AVICOLA POLLO Y PICO. Alfajores de chocolate y dulce de leche. Muy ricos. Lo mas normal del mundo.

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Art Deco. El lugar del recital es el teatro de un colegio. Tiene una arquitectura Art Deco con toques de bloque soviético. Hermoso. Dentro, cortinas rojas pesadas. Hacemos un chiste sobre Lynch porque somos muy graciosos y livianos.

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Prejuicios 1. Primero toca La Foca. Fede me había advertido que el Fede de Julen iba a subir a cantar algunos temas. Efectivamente, sube con buzo capucha y New Balance. Cuánto dato. Qué dificil. Sin embargo, la versión de Nosotros los que no sale muy linda, potenciada por la voz que en vivo no parecía tan priettense. Los saltitos me recuerdan a Shaun Ryder.

Julen. los chicos lo pronuncian con la jota. Los viejos le decimos con un sonido de y griega. No me doy cuenta por qué hasta que Javier rescata la hipótesis de que nosotros sólo conocemos a Julen Guerrero. Y le decíamos Yulen Guerrero. Tenía un aire  a Camilo Sesto.

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Platillos. La Foca toca muchos temas nuevos. Me gusta mucho uno medio new order. Hacen el hit Amaneciendo. Y quedo con ganas de otros grandes temas ya escuchados, digeridos y listos para ser evocados. Pero quiero detenerme en resaltar la idea de que los platillos es un mal al nivel de la viruela. El equivalente a un ladrido de caniche toy interrumpiendo un momento de lectura. Bateristas: toque sin platillos. Llévenlos para la foto si quieren, como al doble bombo, pero no les peguen. Si son adictos, vayan dejando el vicio tocándolos con escobillas. O con la mano (el baterista de Julen hizo esto en un momento, quizás ya empezó la rehab).

Prejuicios 2. Julen y La Gente Sola [gusta mucho en el uruguay y es un pecado mundial de la juventud musical poner nombres con ese formato de X(singular) y Z (plural)] me enganchan con una canción que cuenta una historia. La cuentan en la letra y en su despliegue estructural. Larry García, una canción sobre la mente de un obsesivo. A partir de ahí me olvidé del prejuicio priettense. El contagio estaba hecho. Julen mezclan a Carmen Sandiego con Viva Elastico. Y sale algo sin las sobras estridentes de los primeros ni el ancla popnacional de los segundos.

Remeras. El Fede de Julen sale con una remera de Crimson. Ahora que lo escribo me doy cuenta que estos chicos tuvieron que atravesar mas o menos mil rasgos de mala predisposición. Es una remera de Discipline, el disco donde Adrian Belew hace su gracia de doblar la guitarra para que suene como un elefante. Qué banda horrible Crimson. Son un Barrio Cerrado. “Siempre sale a tocar con una remera de los Faunos”, me dicen al otro día cuando comento mi crimsonfobia.

Red social. Cantante y guitarrista de las dos bandas suben invitados a tocar temas en el show del otro. El resultado es mas que las sumas de las partes. Brillan en Nosotros los que no (ya dicho) y La Chica del Mantenimiento (con los dos Fedes haciendo un contrapunto español al que alguien mordaz podría nombrar como Amistades Peligrosas y un amigo como “la gran Alfaro en el disco de Chucho Los Diarios del Petroleo”).

Tremendo, bo. “Leí lo que te pasó en el recital de Nacho Vegas. Tremendo, bo” me dice el bajista de La Foca en el hall antes de entrar. Y me hizo acordar a la frustrada noche de la impuntualidad impune de Ignacio Vegas. Está mal comparar pero acá arrancaron quince minutos despues de la hora anunciada. Y estaba lleno. Y no habia una banda que nadie queria ver antes. Así que parece que se puede hacer. Soy una vieja que se queja, lo admito. Pero ustedes, programadores de fechas que se atrasan por horas, son aun peores que una vieja que se queja. No sé muy bien qué, pero peores. Y miren que hay que ser peor que una vieja que se queja, eh?

Pulsión de diente. Vamos a comer a una parrila que tiene camisetas de futbol en las paredes. La única enmarcada es la Suarez.

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La Flecha de Buenos Aires. La vuelta fue en la lancha de sea cat. Estuve mareado desde que la ví amarrada. Repartieron bolsitas para vomitar antes de arrancar . “No los quiero sugestionar” dijo la señora. Todos estaban en silencio, mientras sonaba Shakira desde un CDR tirado en un DVD. No se movió mucho pero andá a decirle al sistema vestibular. Algunos vomitaron. Un grupo de viejas teñidas, una con calzas de fotos de divas de Hollywood, no pararon de cacarear todo el viaje. Inmunes a las nauseas, se prendieron al Free Shop, su mejor dramamine. Cuando las luces de Buenos Aires se hicieron grandes, entendí a Gardel.

Huracán. Fracasado el intento del colectivo, subimos a un taxi. El taxista que escucha el partido de River. “Va ganando Independiente 2 a 0”. ¿Sabés cómo salió el globo? “Perdió”. Y bueno. Todo no se puede.

(no se distraigan con la nostalgia: está puesta sólo para comparar con un patrón)

El otro día  me acordaba de un recital de Suarez en el cine Cosmos. Quizás fue el último recital genial que les ví. Era la época en que tocaban Río Paraná como adelanto de lo que iba a ser su declive. Mientras pasaban las canciones, se proyectaban cortos animados rusos.

No debe haber ninguna foto de eso. Las cosas sucedían dejando una huella más fluída. Ibas a ver una banda que aprovechaba el lugar y te tiraba los cortos (en un contexto en donde la musica e imagen aún tenía un sentido sinérgico y no antagónico). Después te ibas a comer una pizza y ya.

Ahora el mundo cambió, pero no hacia adelante. Acabo de ver un evento en fb todo escrito en mayúsculas, donde Viva Elástico que quizás podría compararse al Suarez de aquella época (no por estética, sino por ser independientes,  medianamente conocidos entre los periodistas y desconocidas para el público masivo) va a pasar online el recital del Parque Roca

Copio y pego:

A LA VEZ ENMARCA EL PRIMER ESCENARIO MAINSTREAM, QUE PISARON LOS ORIUNDOS DE LONGCHAMPS, QUE ACTUALMENTE SON CONSIDERADOS COMO UNA DE LAS BANDAS ARGENTINAS EMERGENTES CON MÁS PROYECCCIÓN DENTRO DEL ROCK NACIONAL.

– Escenario Mainstream

Más allá que es un poco confuso, lo que sí se percibe claro es la euforia por haber tocado el “primer escenario mainstream”  ¿Qué valor tiene eso? Mucho, si la proyección de la que se habla en la última línea apuntara como punto de fuga la carrera de Tan Biónica (por poner un ejemplo de mainstreamlandia). Qué es el escenario mainstream de Parque Roca?. Qué experiencia permite? Qué lo determina? Fue un recital organizado por el Gobierno de la Ciudad. Tocaron antes de Gillespie y Willy Crook y Dread Mar I (según acabo de googlear). Eso es llegar a algún lado, parece.

No es que me ensañe con la banda (de la que hay un puñado de canciones que me gustan, aunque es otra cuestión). No es que quiero decir lo que tienen que hacer ni mucho menos. Simplemente ver ese evento chocó de frente con ese recuerdo de lo que era el indie antes.

Cuando los Faunos tocaron para estos mismos recitales del Gobierno hace un año, el Gato dijo sobre el escenario que el Estado no es el Gobierno y que ellos estaban ahí para ocupar el espacio público.

No sé si los chicos de Viva Elástico  dijeron algo, capaz sí. Lo que sí sé es que el evento “mainstream” será transmitido por youtube esta noche y de los más de 10 mil invitados, 154 dijeron que van a participar.

– Son considerados

No había tampoco tantas consideraciones antes. Las cosas te gustaban o no. Para cuando un periodista escribía sobre las bandas, uno ya se sabia todas las canciones. Y no porque uno era un super guacho que salía todo el tiempo o era un cazatalentos. Es que pasaba lo mismo que ahora: los momentos más interesantes suceden por fuera de las redacciones rockeras.

Ver todo ese esfuerzo para salir en la prensa y “ser considerados” es como ver a las tortuguitas yendo al mar. Cuántas llegan? No sería mejor hacerlo de una manera más arty y no tan fenicia? Porque lo mas probable es que los viejos periodistas ya estén un poco cansados de toda la cuestión. La mitad se queda flotando cómodamente entre los dinosaurios de otras generaciones y el resto se atomiza entre las novedades que pasan sin pena ni gloria (¿quién escucha CocoRosie hoy? ¿y Notwist?), el fervor de madrugada (el Perrodiablo!!!!!!!!!!) , y la mezcla de ironía, nostalgia culposa y placer neurótico.

El punto es que no hay una “carrera” que garantice el éxito. Si no lo pudieron hacer ni los grandes sellos, lo van a hacer los pequeños? El valor de un sello chico y sus artistas sólo es poderoso en la belleza de su arte. Ésa es la puerta con mas chances. Marketinear como si fueras Vicentico en horrible, pero encima, ineficaz.

 

 

 

La promoción, la promoción…

1. El otro día quise bajar un compilado que incluía un tema nuevo de Placer. Cuando  fuí a “Hacé click y descargate gratis el compilado”, me surgió un paso desde las sombras: me obligaban a poner en mi muro de Facebook una publicidad del sitio, cuyo eslogan es “escuchá hoy la música que va a sonar en los próximos 5 años”.

2. ¿Qué sentido tiene semejantes estupidez? Entiendo lo de  bajarte un disco de bandcamp por un tuit, porque de última twitter es mucho más dinámico y si uno puede tuitear la foto del cartel del viagra de Beto Casella, bien puede ocupar ese espacio para promocionar un disco de un artista. Sin embargo, facebook suele tener otros tiempos (la catarata de tuits linkeados a fb suelen provocar el bloqueo de actualizaciones).

3. Lo peor de la situación es que no deja que uno recomiende genuinamente el compilado. Me obligan a que aparezca algo que yo no quiero decir  como condición para bajarse, por lo que pienso que para el dueño del sello, el contenido es lo de menos. Lo importante es la promoción. Que se viralice!

4. Finalmente acepté que aparezca con un agregado mío del pésimo humor con que me hacían enfrentar la música que contenía el disco (no hay nada que moleste más que se metan en tu espacio personal de expresión). Estuvo en mi muro el tiempo suficiente para eliminarlo.

5. El tema es que si escucho el disco (todavía no lo hice) y me gusta, ya me sacaron todas las ganas de promocionarlo porque hacerlo sería poner mi expresión genuina en la línea de la expresión-spam.

6. Para escribir esto me metí en el site y al clickear “Quienes Somos”, me encuentro que ” es un  semillero de artistas, y será un vehículo para nuevas bandas, una ventana para el gran público, un canal de vínculos entre ambas partes para que estas semillas crezcan y fecunden de la mejor”. El gran público. LA meta de este Monsanto indie. No importa qué se dice, cómo, si es interesante , si no. Lo importante es que ese “gran público” (y la plata y fama que vienen siempre consigo) toque algunas de estas “semillas”.

7. Unos párrafos más abajo, resulta que quien está detrás (aunque sospecho que no detrás de todo) es “el talentoso y multifacético músico y productor Leo García”.

8. El mejor promotor de bandas de la historia del rock fue John Peel. ¿Cómo promocionaba bandas JP? Las llevaba a su espacio y las hacía tocar. A quién llevaba? A los que le gustaba. Así, The Fall estuvo mil millones de veces. Mark E Smith obligaba a JP a la promoción? No, Peel lo llevaba por placer, por entusiasmo, no como una calculada movida para instalar a The Fall como las próximas estrellas para “el gran público”.

9. Está bien, los tiempos cambiaron y John Peel está muerto. Pero las bandas siguen necesitando que se las escuche. Cada vez más bandas, necesitando que se las escuche. O que se hable de ellas. O que “te suenen”.

10. Y las bandas suenan cada vez más parecidas entre ellas, que suenan parecidas a las que les precedieron. Muy poco espacio para la ruptura estética, para hacer algo realmente interesante. Cada vez más difícil encontrar un 5 de buen pie. Los 10 ya no existen más. Puros pelotazos al area para que el 9 grandote y torpe meta un gol cada tres partidos.

11. El Mató es la banda indie que más cerca está del “gran público”. La forma de lograr el creciemiento fue gracias a que generaron en algunos posibles replicadores un afecto hacia sus discos que hizo que uno les perdone ciertas weezereadas en post de sus guidedbyvoiceadas. Hay un pacto amoroso de base, no un pacto de “promoción”.

12. El “la música que va a sonar en los próximo 5 años” suena a powerpoint de marketing. “Estas son las proyecciones: esta chica, Violeta Castillo, viene muy bien. Buena imagen, buen escenario, buenas conexiones”. ¿Y las canciones de Violeta? ” Es lo menos importante, pero con un buen estudio y un buen productor puede llegar a ser la próxima Julieta Venegas”.

13. Volviendo al site: hay una promoción que no te podés perder: “¿Cuál será la banda que toque antes de Pearl Jam? Votá la que más te guste y ganate 2 campos VIP para esa fecha”. Qué excitante es el mundo del “gran público”!

14. Ultima cosa: ¿y las bandas qué piensan? Quieren que las escuche mucha gente? a qué precio? es lo más importante? Es curioso que a 35 años de los Pistols y los Buzzcocks, rompiendo con una contundencia práctica perfecta las formas de promoción y distribución,  se esté más cerca de pensar la promoción como en el origen del negocio.

15. Este posteo podría haber sido sobre quienes están en el compilado, qué tal suenan las bandas que no conozco, cómo está el nuevo de Placer e incluso estaría el link. Pero prefiero que se lo encuentren por vías más vitales.

 

El Retro-garde de Scott Walker (una crítica dirigida)

Recién puse el último disco de Scott Walker, arranca con una especie de taladro acolchado.

Sigue con  ruidos, sonidos disonantes, rupturas, pedacitos de ritmos y la voz de Scott como la de un perro al que le enseñaron a cantar en su agonía.

La escucha es difícil y no es un valor. Por momentos parece una comedia musical aburrida. O música contemporánea (de otros tiempos).

No es un disco para disfrutar, ni para escuchar atentamente, ni para bailar, ni para cantar en la ducha. ¿Es para ostentar una frágil omnipotencia estética por sobre lo popular? ¿Es para decir “me encantó el último de Scott Walker”  y pensar que se tiene el acceso a un VIP que era muy importante hace 20 años y que hoy a nadie le importa?

Scott Walker saca un disco cada muchos años y eso también contribuye a que uno piense que la OBRA es tan inmensa que no puede hacerse en menos tiempo pero obras geniales se han hecho en 24 horas.

¿Y entonces, Scott? Como locura, la tuya no se mueve muy rápido que digamos. Sos un festival de la no sorpresa. Y es un problema, porque justamente todo está armado para que sea sorprendente, para que cada sonido de tus canciones sacudan las percepciones, pero tu último disco, es un disco con canciones numeradas, nombres  y un montón más de lugares comunes que dan un indicio de que no es una OBRA. Salió en CD, vamos.

¿Cómo creerle a un arte que le canta a la no forma dentro de un formato tan insulso?

Todo este esfuerzo para huir del pop que te vió nacer te dejó estático en una carrera que al final fue mejor en la transición.

En la condescendiente entrevista que te hicieron hace poco en el Guardian te tratan de Beckett, de Kafka. Y vos en vez de  enojarte, te regodeás.

Yo podría hacer el esfuerzo de creer  que sos un artista a la vieja usanza, un Tzara, un Lynch si querés. Pero ¿y la producción esa que hiciste para Pulp? Cuando tuviste la oportunidad de hacer lo de los bifes con la cara (o las nalgas) de Jarvis, lo dejaste pasar. Arrugaste. Y un artista no arruga, Scott.

Tuviste la suerte ocupar el casillero del necesario artista ensombrecido que todo periodista o melómano de rock necesita venerar. Pero sos complicado,  no complejo.

No creo que vuelva a escuchar el disco otra vez, al menos no por ahora. ¿No te enojás, no? ¿O me vas a decir que encima te importa lo que digan sobre tus discos? Es lo último que te falta, “artista”.