Clínica de la interfaz (escrito para la revista Huellas)

1.

Los nuevos consultorios

El Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), decretado como medida preventiva debido a la pandemia de covid-19, clausuró los consultorios

Cerraron  los consultorios hecho de paredes, divanes, reproducciones de Klimt y adornos de estatuillas de barro. También quedaron vacíos los de escritorios amplios, con esculturas de metal que hacen equilibrio, recetarios, sellos y paredes cubiertas de certificados de pertenencia. 

Las angustias, delirios, alucinaciones, ataques de pánico, y rituales obsesivos, sin embargo, no cerraron. Es más, subieron algunos puntos de intensidad. 

Entre los consultorios cerrados y la clínica alborotada por la pandemia, hubo que activar otras soluciones. Se habilitaron nuevos consultorios hechos de bytes, de telecomunicación, de ancho de banda. 

La habilitación de estos nuevos teleconsultorios ya no sigue la reglamentación del Ministerio, varía según el profesional. Cada quien elige qué sector de la casa mostrar. Unos optan por un jardín, algo de verde siempre apacigua. Otros muestran sus biblioteca, los libros como garantía de continuidad, como guardaespaldas de aquel viejo saber en estas nuevas situaciones. Hay quienes eligen una pared lisa y neutra y otros que deciden seguir atendiendo desde el viejo consultorio sólido vacío. 

2.

La nueva escucha

Con el recorrido de la experiencia aparecen las sutilezas. No es lo mismo videollamada que llamada de audio, por ejemplo.

La videollamada tienta porque parecería prometer una situación lo más cercana posible a estar con el otro. Pero no. La videollamada usualmente se interrumpe y esa interrupción rompe la escucha. 

A veces la imagen queda detenida en una mueca zombie que causa gracia o pánico, según el tono de la transferencia. Es un gran tiempo para la Fiesta del Uheimlich. 

En otras oportunidades, la imagen se congela en un gesto contrario a la palabra que continuó. Angustia/Risa. Este congelamiento de gestos al azar recuerda a la novela de Philip K Dick “A scanner darkly” (“una mirada en la oscuridad”es su traducción castellana) en donde un agente del servicio secreto (¿era de la CIA?) ocultaba su identidad con un dispositivo que iba cambiando su rostro todo el tiempo, como un random de banco de imagenes de caras que, sin embargo, en un momento del día, una de ellas coincidía con la verdadera.

La videollamada es como Santa Rita: te da y te quita. Quita fluidez pero le dio a los psiquiatras la posibilidad de contextualizar el espacio hogareño de los pacientes. Una videollamada tiene algo de estudio ambiental. La luz, el color elegido en las paredes, el póster, el cuadro, el gato, la vestimenta de cuarentena. 

La otra forma de atender en los teleconsultorios es la llamada de audio. Con la comunicación sin imagen se gana en fluidez, ya no queda nada de mirada. Hay pacientes que no pueden soportar esto, es como si todos pasaran a diván. 

Sin embargo, la atención aural es la que más se acerca a la dinámica presencial en los pacientes que ya venían en tratamiento. El esfuerzo de neutralización de lo visual que se hace en el consultorio sólido, en la conversación telefónica se reutiliza en la escucha. El psiquiatra descubre la libertad de no tener que sostener la mirada y la clínica de la escucha gana en nitidez y complejidad.

En las llamadas que usan la banda ancha (WhatsApp, Skype) suceden también interrupciones que borronean la justeza clínica: ¿fue el paciente que dejó esta frase inconclusa presa de una división subjetiva? ¿fue ese corte abrupto signo de una intercepción? ¿Se cortó o está reticente? ¿llora sin ruido?

3. 

La deuda de la semiología virtual

La atención a distancia impide una parte importante de la semiología psiquiátrica. No podemos apreciar la marcha, las alteraciones motoras, las fascies inhibidas, la mirada paranoica, la invasión maníaca del espacio ni los rituales antes de sentarse. 

Algunos de estos signos suelen presentarse  acompañados de otros que pueden visibilizarse en una videollamada, pero mucha de esta información que el psiquiatra empieza a absorver desde el mismo momento en que paciente toca el timbre en el consultorio (el timbre largo y sostenido del deterioro cognitivo, el timbre multiplicado cortito del ansioso) se pierde y hay que buscar por otro lado.

4.

El rayo de Zeus virtual

Rp/ . La barra despues del Rp representa el rayo que Zeus le manda a Asklepios como advertencia. Más ajustados al registro histórico deberíamos hablar de la versión romana de  Júpiter tirándole rayos a Esculapio. Vaya pues este ajuste como homenaje a la reciente desaparición de Alberto Uderzo. 

Puestos a googlear los saberes inseguros de algun dato que alguien contó alguna vez, emerge nueva información. El símbol Rp viene como deformacion de Rx que viene como deformacion del Ojo de Horus egipcio. La mirada siempre pegoteada al acto médico.

Ahora bien, la receta médica está luchando acaso su última batalla en el mundo de las cosas sólidas. Quizás llegue a su fin su función de papiro que transporta una información entre el médico y el farmacéutico utilizando al paciente como mensajero. Toda esa cuestión de la tinta negra, el cambio de letra y el duplicado está en decadencia.

¡Los médico perderemos el derecho a la entropía caligráfica! 

¿Tiene sentido que el ASPO se interrumpa para ir a buscar una receta? 

Al momento de escribir estas líneas se habían habilitado formas de enviar las recetas por fotos de WhatsApp. Una muerte triste de la prescripción en papel: papeles que luego de ser fotografiados y enviados (Send recetas, no nudes), se apilan como diarios viejos hasta que se tiran. El tamaño ni siquiera sirve para envolver huevos. 

La burocracia, siempre aliada del engorro, prohibía al comienzo esta solución con psicofármacos. Pero caería con el correr de los días. 

¿Aprovechará el yonqui para photoshopear recetas de benzodiazepinas? No más que las veces que recetarios en blanco fueron llenados espúriamente por ahí por firmas legales. 

Al mismo tiempo que se salven árboles y se entiendan las letras de todos los médicos con recetas totalmente digitales, otro Ojo de Horus nos va a mirar, otro Rayo de Zeus/Júpiter nos va a caer y esta vez será bajo la forma de bytes. De data. Saber ya sin necesidad de robar los datos de las farmacias quién y qué se receta.  Data Dios.“Datita Dios”, dirán los gauchos cybernéticos del futuro inmediato.

Esto es dinámico. Finalmente la burocracia analógica redobla su poder. Las recetas se pueden enviar por fotos pero hay que poner más datos en el papel: “Receta de emergencia covid-19” y los datos de la farmacia. Pero ya no se podrán envolver huevos: hay que guardarlas para una eventual auditoría. Pero además, se triplica la prescripción: hay que anotar todos esos datos en un Registro Foliado. 

5.

El capitán Zoom

Una última cuestión, por ahora. Cuando transitaba los últimos años de la primaria allá en la primavera alfonsinista, en Titanes en el Ring apareció un personaje que se llamaba Capitán Zum. La gracia que llevaba ungida era que salía con una espiral de cinta de plastico que se enganchaba en el dedo y se usaba como un yo-yo. Si guglean van a entender. 

El Capitán Zoom de hoy, que hasta ayer era una herramienta para hacer focus groups, tiene que ver también, con el yo-yo, con Titanes de fantasía y productos hechos con lo que hay. 

Zoom se convirtió en la forma de experimentar un encuentro. Desde un cumpleaños a una reunión de cátedra. Una serie de ventanitas con caras aparecen en la pantalla generando una experiencia de fragmentación visual similar a la de una mosca.

En Zoom (y en cualquier otra tecnología similar) no se puede hablar al mismo tiempo. Mas de dos voces en simultáneo anulan el mensaje. Esa complejidad del vivo analógico que es la capa de discursos que se pisan dando volumen a la aprobación o la resistencia de lo que se está diciendo acá se pierde. Habla uno. Habla otro. Habla otro. Vuelve a hablar uno. Todo lineal, como las bases del ARN del virus. Alguien tose, tiene el microfono abierto y parece su imagen para todos: el programa cree que va a decir algo pero el tosedor se hace el distraido, aguantando los segundos en silencio que le avisan al programa que lo saque del protagonismo.

La interfaz tiñe cada palabra de enunciado. Cuesta ejercer, al menos por ahora, la charla liviana, la idea de que no hay una tecnología registrando, que no se está siendo observado.

6. 

Volver al futuro

En estos días ya no se habla de volver a la normalidad sino de ir hacia una nueva normalidad ¿Lo notaron? Era la última columna de la presentación del presidente el otro día, es algo de lo que habla el tercer texto de Tomas Pueyo, el ingeniero español que vive en Silicon Valley y que se hizo famoso por analizar la data del virus y defender el asilamiento como única forma de aplanar la curva. 

Ya no será sacar la pausa y listo. Se intuye que cuando se pueda vilver a salir, nos encontraremos en un cambio de base profundo con expresiones más o menos urgentes en la superficie. Pero se intuye nomás. No podemos saberlo ahora porque en este momento estamos en medio de un laberinto de ligustrina en donde no sabemos si estamos yendo para la salida o para el centro con el minotauro.

Mientras tanto, podemos ir pensando que esa nueva normalidad implicará también nuevas anormalidades. E inevitablemente, nuevas formas de ver, escuchar e intervenir en la clínica. 

20 y 21 de abril

20 de abril

¿Por qué puse 19 de marzo ayer? Me quedé perdido en corrientes circulares en el tiempo.

Igual que mi viejo. Se quedó con Baudelaire y le sumó  Sarmiento. Sacó cuentas y supone que Sarmiento leyó Las Flores del Mal (“Sarmiento era de 1811 y Las Flores del Mal debe ser de mil ocho cuarenta o cincuenta y pico”). 

Me cuenta que vio La Terquedad por YouTube. Se asombra de lo que escribió Spregelburd y dice algo interesante: “(…) pero no es lo mismo que estar ahí, cuando estás en el teatro escuchas las pisadas de los actores”.

El mundo ha seguido rodando después de la ida del grupo de profesionales. Recibí algunos mensajes afectuosos que me pusieron contento. 

Hablando de eso, tenía silenciado el grupo de Telegram de “psiquiatras sometidos por la prepaga”. Cuando se cumplió el plazo de silencio cayeron unos mensajes y me metí. Había mas de mil mensajes y menos gente. Lo último era una pelea sorprendente ma non troppo con acusaciones de espionaje y todo. Así como el boxeador tiene “la mano prohibida” quizás a nuestra profesión le vendría bien medir un poco mas los arrebatos en foros.  Me fui del grupo, pero en éste es como si no hubiera estado. 

Una paciente se preocupa porque cuando termina su jornada laboral online no tiene ganas de nada y en sus redes ve que la gente muestra que hace muchas cosas “creen que de esto van a salir Freud”.

21 de abril

Hablemos del problema de las farmacias, que es hablar del ser humano. Muchas ponen exigencias propias con las recetas de emergencia: “tiene que mandarla el medico por mail”, “tiene que mandarla el médico por whatsapp”, “No hace falta que la mande el médico”, “dígale al doctor que le  vamos a pedir una foto de la matrícula”(!). Mi consejo, con o sin coronavirus: si una farmacia pone peros, retirarse e ir a otra. 

Justo me escribe un paciente que le rechazaron una receta por un medicamento porque “no viene de 3 gramos”. Miro la receta y claramente puse una ondulación antes de la g que cualquier persona de buena voluntad interpretaría como “mg”. Me cuenta que fue todo bizarro, que de entrada, sin ver la foto de la receta, le dijeron que “si no dice emergencia covid-19 no sirve” y que había una señora sentada llorando. Le contesto “Farmacia ‘Los Hijos de Puta’”. Me emojiresponde riéndose. 

Un amigo armó un sitio muy recomendable sobre pestes (proyectomiasma.com) . Los textos de Florencio Noceti  están buenos para contraponerlos a los de los filósofos mediáticos. Florencio, filósofo, vive como sentado en la única sombra de un Ágora soleada. Subieron un primer episodio de podcast donde habla Norberto Sanjuan, Profesor Titular de Microbiología en la Facultad de Medicina. Tengo un grato recuerdo de él cuando cursé Micro allá en el 96.  Me encantó Mircobiología, fue una de mis materias favoritas en la carrera. 

Escribo este diario y descubro en mi dedo meñique una flor que me pegó la heredera en algún momento del día.

Mi amigo Fede (ref: La Foca) me pasa una canción nueva hermosa. 

Me reclaman para instalar un “mod” en el Minecraft. Tengo que ver un video para ver de qué se trata. La formación por YouTube a la que estamos acostumbrándonos: el saber lo tiene un adolescente que apenas puede articular una frase coherente, prefiere las exclamaciones al foco de lo que quiere transmitir y entonces el video dura 10 minutos cuando podría durar 30 segundos. Me dijeron que es porque si dura más, recauda más. El tiempo sigue siendo dinero. 
Curioso lo de “mod”. “Mod” de Minecraft versus  el “mod” de los Who versus el “mod” de M.O.D. (Method of Destruction, una banda no muy interesante). El paso de las generaciones a través de los significantes recargables.

Unos días más

17 de abril

Se inauguró la serie de estornudos matinales de todos los años en esta época. Pienso en los vecinos: ¿tendría que salir a poner un cartel que diga “los estornudos que escuchan son de alergia, no se preocupen”?

Leo una noticia de que los asmáticos no estamos entre los más complicados de los que se complican con la covid-19. Lo dice un estudio de EE.UU. que no tiene tantos pacientes ni tanto tiempo como para sacar alguna conclusión más que un “en mi clínica no había muchos asmáticos entre los pacientes complicados”. Sirve igual, el alivio y la preocupación no necesitan de mucha metodología.

Circula en un grupo de psiquiatras una información supuestamente médica que hace ruido. Es del estilo “todo lo que se piensa está mal, el virus ataca por este otro lado”. En el argumento hay una serie de datos verdaderos pero las conclusiones son falsas. Algo que todos aprendimos en Pensamiento Científico. Bueno, parece que todos no. 

Increíblemente se toma por cierto.

Le pregunto a una amiga más médica que nosotros. Se asombra de la credulidad frente a la “fuente”, casi como cuando uno se rie de aquel anciano que viraliza mensajes por redes del tipo “quieren empezar a cobrarte por enviar un meme, hacé correr este mensaje oponiéndote para detenerlos”.

Pasando en limpio. No es que cuando ví esa información dije “esto es verso”. Lo que dije fue “¡Qué raro! Esto va en contra de todas la información que sale de organismos serios ¿Estamos frente a la primera noticia de un cambio radical en la perspectiva o es un desvarío? ¿Cual es la fuente de todo esto? No es nada reconocida. ¿Tiene sentido lo que dice?” 

En otras palabras: dudé. 

Hace unos pocos meses tuve el agrado de charlar con Héctor Fernández Álvarez, para los que no lo conocen, Héctor fue quien trajo la Terapia Cognitiva al país hace mas de 30 años y es un referente mundial en el tema. Antes de que los prejuicios los invadan, si tienen ganas, pueden escucharla en el link (nota a lectores de fb: los links estan en el blog porque acá no se pueden poner). La cosa es que en la charla Héctor hace una defensa de la duda como motor del conocimiento. Eso, que parece tan obvio y que se enseña en el CBC, se pierde entre las ganas de “tener la posta”.

El día de esa charla le llevé de regalo El Discurso Vacío (Levrero), porque me parecía que le iba a gustar lo que Levrero hace con con la caligrafía y los esquemas mentales. Me dijo que había leído otros de Levrero pero ése no. Una semana después me lo crucé en la calle: le había encantando. 

18 de abril

Veo 12 monos, de T. Gilliam, una de esas películas de las que uno viene escuchando hablar desde hace 20 años y nunca vió. 

Datos duros: Bruce Willis muestra el culo mínimo tres veces, Brad Pitt, una. Está basada en una obra de Chris Marker. El argumento es que la gente vive abajo de la tierra porque un virus mató a casi toda la humanidad. La OMS subterránea manda a Bruce a averiguar dónde comenzó el contagio para poder capturar a la primera cepa y así hacer la vacuna que permita a los sobrevivientes volver a la superficie. Verla en este contexto es muy William Castle (última aclaración de hoy: William Castle hacía películas de terror – algunas muy buenas- que presentaba con algunos trucos, por ejemplo, uno de los mas conocidos fue disponer que algunas butacas del cine recibieran una pequeña descarga eléctrica para generar una interacción y contagio terrorífico eficaz entre los espectadores).

Bruce hace de Duro de Matar sin tanta pólvora, a veces habla tierno, a veces habla ríspido, a veces parece un hombre y a veces parece un muñeco. Brad, en cambio, hace de “loquito”. Malísima su actuación, mezclando Tourette con parafrenia, con megalomania, con “todo lo que uno se imagina que hace un loco”. Por supuesto, lo nominaron al Oscar. Pero perdió: ese año se lo dieron a Kevin Spacey por SPOILER ALERT.

Buena resaca la película, hasta hay un momento muy Mark Fisher al comienzo. Todavía me vienen imágenes y giros del guión. Hipótesis: todo guion que implique jugar con lineas del tiempo introduce en el espectador una obsesión por la necesidad de ordenarlas, lo que hace que la película perdure “activamente” en la cabeza y nunca se cierra para poder ser olvidada (piensen en Donnie Darko (2001) o Coherence (2013), por ejemplo). 

Freno acá, tengo que atender.

19 de marzo

“19 de marzo” es una de las calles principales de Zárate. La otra es “Justa Lima”. Víví en Zárate entre los 15 días y los 9 años. Estas dos calles son paralelas y remiten a cosas del pueblo. Es curioso que no se llamen San Martín, por ejemplo. La “Justa Lima de Atucha” es por una terrateniente que construyó la iglesia (yace enterrada en la Recoleta, anyway). La “19 de marzo” es porque ése fue el día de fundación de la ciudad en 1854. Unos meses antes de esa fecha, los vecinos del poblado de “Carmen de Zárate” pidieron separarse de Exaltación de la Cruz por una serie de argumentos que acabo de encontrar y que son muy buenos:

–  porque Exaltación quedaba a 6 leguas (unos 30 km) hacia el interior.

– porque en esas 6 leguas encima hay pantanos y bañados.

– porque el poblado de Zarate se encuentra sujeto civil y mercantilmente a Exaltación y entonces no puede desarrollarse.

– porque “ se pasan los meses sin que este vecindario oiga la palabra de Dios, el Santo Oficio de la Misa, ni se administre ninguno de los demás sacramentos que ordenan y mandan nuestra Santa Madre Iglesia. Así la civilización cristiana, está ten distante del cristianismo en este Pueblo, como pueden estar los incultos indios de la Pampa” 

La tarde noche me trajo dos sopresas amables. La primera fue que me pude ir de un grupo de whatsapp de colegas con los que trabajamos durante mucho tiempo y que terminó hace un año de una forma frustrante. Había quedado siendo testigo de sus actividades por todos estos meses pensando que en algun momento podría olvidarme de la rosca política (una rosquita de micromundo) que me alejó. Pero nunca volvieron las ganas y, como la usina de la rosca siguió, la pregunta “¿para qué quedarse?” se contestó sola. 

Ya no lo decía el Martin Fierro: “Entre los seres humanos/ hay un tipo de rastrero:/ el que chilla como tero / con el discurso del progre/ pero anhela ver el sobre / de un uno con varios ceros/”. 

(Falló el octosilabómetro pero bueno). 

La otra cuestión fue sacar una película de los Duplass que no me estaba gustando nada y volver a ver Sherlock. Y me acordé de lo mucho que me gustaba leer a Conan Doyle cuando era chico. Pensé en la astucia de narrar desde el punto de vista en Watson. Un Sherlock en primera sería insoportable por soberbio. Un narrador omnisciente le quitaría el brillo de las capas. Watson es perfecto.